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lunes, 21 de diciembre de 2015

Líneas Rojas

            Recientemente, mientras aguardábamos que pusieran las urnas, acepté la propuesta de un diario digital y respondí a una encuesta bastante genérica sobre mis expectativas políticas y su reflejo en los programas de cada partido.
        El objetivo, casi lúdico, de la encuesta era informar de qué programas políticos respondían con mayor exactitud a las expectativas propias.
            El resultado no me extrañó en absoluto. Mis expectativas se veían reflejadas en los tres partidos de izquierda que se presentaban en el territorio nacional en porcentajes muy similares que iban del 86% al 83%. Estoy por asegurar que cualquier votante de izquierdas que hubiera respondido a esas cuestiones relacionadas con los servicios públicos, las funciones del Estado, la organización territorial, y las relaciones con Europa y con el resto del mundo habría obtenido un abanico similar en cuanto a las coincidencias con los programas de los partidos de izquierda nacional.
            Y eso habla claramente de las coincidencias en los programas, coincidencias en temas fundamentales para diseñar el tipo de sociedad en el que nos gustaría vivir. Esa y no otra es la aspiración del sistema democrático desde su aparición, permitir a la mayoría diseñar la sociedad en la que vive según los valores dominantes. Todo lo demás es agua de borraja. Si el sistema democrático no permite que la mayoría se implique en el diseño de esa sociedad, la democracia es pura farsa. Y no podemos olvidar que incluso la democracia pare monstruos que luego la devora.
            Cuando el liberalismo dominante intenta definir con su visión simplificadora y maniquea a la gente de izquierdas, los reduce a  gente alejada de la realidad que aspira a construir un estado protector gigantesco, entrometido, regulador en exceso de las relaciones laborales, quisquilloso con los derechos humanos y, sobre todo, caro; demasiado caro. Ese Estado es perjudicial para los negocios.
            En algo aciertan, la izquierda es la única defensora de lo que llamábamos Estado del Bienestar que hizo de Europa la referencia democrática de la humanidad, al tiempo que la convertía en la primera productora de riqueza mundial.
            A mi humilde y anacrónico entender, los programas de los partidos de izquierda que se han presentado en todo el territorio nacional coinciden en bastante más de las dos terceras partes de sus propuestas en asuntos relacionados con ese Estado que han ido demoliendo las políticas ultraliberales con la extraordinaria excusa de la crisis.
            Daba la sensación de que la prioridad absoluta de estas elecciones era parar esa sangría, reparar con urgencia los daños más graves que ha ocasionado la derecha a los más indefensos y empezar a reconstruir el país eliminando desigualdades a un ritmo razonable.
            La mayoría social de este país comparte esas aspiraciones y ha votado a uno de esos partidos de izquierda que llevaban la corrección de esas lacerantes lacras en sus programas. Cualquiera de ellos habría sido una opción razonable para entregarles nuestra representatividad en la recuperación del Estado del Bienestar.
            Luego, la ausencia de verdadera vocación de estado en políticos mediocres, el oportunismo, las oscuras estrategias en la guerra sucia de la política partidista inutiliza nuestra voluntad y desarraiga nuestras esperanzas, sin darles ni un solo día de tregua.
            Un millón de votos que ha recibido Izquierda Unida se ha ido a las papeleras produciendo la miserable cosecha de dos diputados nacionales. Seguramente, los escaños más caros de la historia.
            ¿Es tiempo de líneas rojas?
            Yo creía que había llegado el tiempo de analizar las prioridades que debieran estar relacionadas con solucionar la situación de los más desprotegidos y marginados por las políticas excluyentes del Partido Popular y darles respuesta inmediata sobre la base de las coincidencias mayoritarias en los programas de izquierda.
            A todas luces no eran esas las prioridades.
            La prioridad ahora es eliminar competidores, y el que esté sufriendo las secuelas más dolorosas de las políticas del último gobierno, que se joda. Con esas mismas palabras lo pontificó en su día Andrea Fabra en el Parlamento desde la bancada del PP.
     Es lo que hay. El cainismo es una herencia genética en España. La desfachatez, también.

viernes, 18 de diciembre de 2015

SEGUIMOS AVANZANDO




             Hay un dicho , no sé si fruto de la experiencia o malintencionado, que asegura que nadie es profeta en su tierra. Rajoy lo ha venido a confirmar, porque lo agredieron en Pontevedra, quizás el lugar donde se sienta más seguro. Cosas que pasan.
         Al día siguiente de su agresión , seguramente para calmar nuestra ansiedad sobre su estado, subió a las redes sociales un video caminando sobre una cinta en un gimnasio. "Estoy bien, en plena forma, dispuesto a seguir encarnando vuestras esperanzas en el futuro, que sin mí amenaza nubarrones y desgracias. Nada temáis".
          He visto el video, porque el lenguaje gestual de quien practica deporte me resulta familiar y muy significativo. Honestamente, no creo que aguantara sobre la cinta mucho más del tiempo necesario para la grabación. Un acto de campaña que, como tantos otros, le debió suponer un sacrificio considerable. 
          El ritmo le resulta excesivo, el braceo impostado lo demuestra. Su gesto levantando excesivamente la cabeza es el gesto de quien busca desesperadamente aire. 
       Rajoy no practica esta modalidad de deporte casero. Estoy seguro. Rajoy no practica deporte alguno, en realidad. Sus asesores le avisaron hace algo más de un año de que su gesto de hastío y de cansancio, su caminar cansino con los hombros hundidos, restaban credibilidad al mantra de la recuperación económíca y al optimismo del gobierno. Y él les hizo caso. Se esforzó por simular una sonrisa y por aparecer con paso decidido y brioso en sus comparecencias públicas. Otra cosa es como sale de ellas cuando le cambian el guión. 
       Rajoy finge, pero no me extraña en absoluto; todo en su vida se ha vuelto fingimiento. Uno diría que es el video que un desconocido le ha tomado por sorpresa, a una distancia respetable, pero la distancia está estudiada; no nos permite descubrir que Rajoy no suda. A lo mejor, los presidentes de gobierno no lo hacen. 
        Y fue el propio Rajoy quien lo subió a las redes.
         Lo mejor era el mensaje:"Seguimos avanzando"
    Desde luego, presidente, sobre una cinta estática. Un avance indiscutible que debe llevarnos a algún sitio. Como la política de su partido. 
        Retroceder es de cobardes. Con Rajoy seguimos avanzando hacia el pasado.

lunes, 14 de diciembre de 2015

Yo no tengo interés alguno en el debate de hoy

           Según se desgañitan quienes nos convocan al  “debate definitivo” que se celebrará esta noche  y que  transmitirán de forma simultánea varios medios televisivos, uno diría que debe tratarse de un debate  trascendental donde veremos propuestas programáticas de uno y otro compareciente que, de plasmarse en un triunfo en las elecciones del día 20 de diciembre, podrían significar cambios llamativos en nuestra vida cotidiana.
            En realidad, pasada la tregua del periodo preelectoral, gane quien gane incluyendo a quienes no han sido admitidos a la mesa de invitados por Rajoy, la vida nos cambiará de forma negativa.
            Europa, la Europa dominada por  el liberalismo radical e insaciable, ha entrado en campaña recordándonos que aún quedan reformas por hacer en el mercado de trabajo y en las pensiones y ajustes en el presupuesto de los servicios públicos. Reclama otras medidas, pero esas dos me bastan para intuir el futuro que nos aguarda apenas recojamos las urnas.
            No tengo interés alguno en el debate porque será un debate artificial en el que ambos contendientes no dirán una palabra propia. Un ejército de politólogos, asesores y asistentes de imagen hablará por ellos. Ellos cuidarán, sobre todo, de no perder la compostura y  de no cometer errores imperdonables.
            No tengo interés alguno en el debate porque es un simulacro diseñado a la medida de un hombre acobardado. La cobardía proverbial de Rajoy lo ha desvirtuado hasta el extremo de convertirlo en un debate inútil porque no  representa  la pluralidad democrática que se vislumbra en las encuestas.El significado del término democracia en el léxico de Rajoy está bajo sospecha hace ya tiempo. Hoy ofrece poco lugar a la duda.
            No tengo interés alguno en el debate porque guardo memoria puntual de cada una de las medidas que ha perpetrado durante la legislatura  este gobierno vicario del liberalismo radical de la peor Europa de las últimas décadas. Ningún debate conseguirá mi olvido ni mi perdón. Y si el pueblo soberano se dignara hacer balance de estos cuatro años, Rajoy y sus secuaces deberían acabar en la papelera de reciclaje el próximo domingo. Ninguna gestión de gobierno en todo el periodo democrático ha resultado más dañina para nosotros que la del gobierno saliente. No hay color.
            Pero, sobre todo, no tengo interés alguno en el debate porque participa Rajoy. Rajoy me inunda el salón de una grisura insoportable; deja girones de antipatía congénita colgando de las lámparas; me ensucia el aire con el olor inconfundible de los desvanes polvorientos; lo contamina todo de mentiras, de cinismo, de desprecio al Estado.
            Rajoy pisotea mi idea de cómo debiera comportarse un presidente de gobierno: ha precarizado a los trabajadores por cuenta ajena dejándolos al pairo ante las embestidas empresariales, ha empobrecido los servicios públicos, ha usado mis impuestos para salvar de la quiebra un sistema financiero privado, ha saqueado la caja de pensiones para cumplir compromisos electorales y ha prometido bajar impuestos de forma irresponsable para comprar el voto irreflexivo de quienes son incapaces de pensar en el futuro.
            Cuando entra Rajoy, yo salgo. El ocupa mucho espacio. Arrastra, solidariamente con todo el aparato de su partido, un pesado fardo de sospechas de corrupción, de financiación ilegal, de enriquecimiento ilegitimo y de uso de los recursos públicos en beneficio propio.
            Me resulta inexplicable que  un individuo como él pueda ser candidato a repetir como presidente de gobierno.


martes, 8 de diciembre de 2015

El terror, tan útil

   Mantener un blog de opinión sobre la borrascosa actualidad es tarea ardua. Es también arriesgada, porque la actualidad está teñida de sinrazón, de violencia, de mentiras, de hipocresía y de manipulación sin disimulos. La actualidad nos desespera y nos agota en ocasiones. Hay demasiadas indignidades que te golpean en la conciencia de forma simultánea.
Y, sobre todo, la actualidad está teñida de desprecio a la inteligencia humana, porque quienes deciden sobre nuestras vidas con absoluto burla a cualquier código ético y a cualquier proyecto razonable de futuro, ganan por goleada en los medios de comunicación comprados o sometidos por el poder del dinero.
  Así que a veces sucede. Durante un tiempo prudencial te distancias de  algo que hacías por propia iniciativa, algo que nadie te estaba reclamando pero que se había convertido en un secreto compromiso, y te sientes liberado.  
Y cuanto más tiempo pasa sin atender ese secreto compromiso, mayor es el pudor que uno siente de volver a exponerse ante los ojos ajenos. 
Hay también en el silencio una queja inútil, como casi todas las quejas que enarbolamos desde el rincón de nuestra pretendida independencia moral; corre la especie de que nada que no quepa en un mensaje de twitter merece ser leído. 
Así nos va. 
Hay que simplificar el propio pensamiento hasta convertirlo en algo innecesario por carente de contenido, o en algo tan elaborado y agudo que solo un genio de la comunicación podría convertirlo en un pensamiento trascendente.
Yo no podría jamás. 
  Tengo la sensación creciente de que  en tiempos de comunicación masiva vivimos más aislados que nunca en medio de un ruidoso gallinero, donde todos hablamos y casi nadie escucha. 
A pesar de lo cual, hoy hablaré tan brevemente como pueda de esa yihad que nos cerca y que ha puesto patas arriba nuestro mundo.
Presiento que lo peor de la yihad no es la amenaza imprecisa que se ha colado en nuestras vidas seguras y alejadas desde hace muchos años de situaciones bélicas; lo peor de la yihad es la utilización que se está haciendo de ella. Porque la yihad que nos amenaza en el interior de nuestras propias fronteras servirá de justificación para inmoralidades inaceptables o como argumento definitivo para nuestra sumisión.
Explota el terror muy cerca de nosotros y el duelo se convierte en fiesta nacional, en ocasión extraordinaria para que se erijan en imprescindibles garantes de nuestra seguridad los mismos estados que han traicionado nuestras expectativas, los mismos que han potenciado o permitido el aumento de las desigualdades, la reducción de nuestros derechos, el empobrecimiento de los servicios públicos, la gestión indigna de nuestros impuestos, los mismos estados que favorecen y estimulan la evasión fiscal, los mismos que no saben si un día gozaremos de la pensión por la que hemos cotizado durante nuestra vida laboral porque han destinado esos fondos al rescate de bancos privados mal gestionados por sus irresponsables dirigentes que se jubilan con pensiones millonarias. 
Despliegan a sus hombres de uniforme y olvidamos el resto de indignidades cercados por el temor justificado, pero también estimulado desde el poder, porque el temor es un motivo poderoso. 
De paso, voces autorizadas, opiniones concienzudas de gente muy notable, titulares de cátedras prestigiosas, nos reclaman renunciar a una parte de nuestra libertad personal para garantizar nuestra supervivencia.
Las hay también que  desprestigian a quienes indagan en las causas de esta sinrazón temible. 
   Otras abogan por la respuesta bélica inmediata. Nada distrae más a un pueblo de sus propias miserias que un enemigo externo y una guerra.
Y he oído a ministros europeos hablar de que la civilización occidental se enfrenta a la barbarie. Afirmaciones de este tipo alimentan un maniqueísmo demencial. Cualquier musulmán, en estos tiempos de pensamiento simplista, corre el riesgo de ser considerado un salvaje peligroso y un terrorista potencial. 
Y sí, hay diferencias abismales. No le falta razón al ministro. La civilización occidental mata con drones dirigidos por pulcros funcionarios desde un despacho climatizado o con misiles lanzados desde sofisticados aviones de guerra; y lo que el ministro denomina la barbarie  mata mediante individuos dispuestos a inmolarse explosionando un macuto bomba en un  campo de fútbol. 
La diferencia entre civilización y barbarie debe estribar, sin duda, en los instrumentos que se emplean y  en el valor intrínseco que tiene la vida en cada trinchera.
Lo peor de este terror reciente es que resulta útil, que se alentó en su nacimiento, se alimenta y se tolera con intereses inconfesables. 
Y aquellos que han muerto, aquellos ante cuyas tumbas encendemos lámparas y dejamos flores son solo víctimas colaterales y necesarias, estimulo para nuestro sentimiento de pertenencia a la trinchera de los civilizados,  espuela imprescindible que hiere el ijar de nuestros miedos.
Ante el horror que nos produce tener doscientos muertos expuestos en las pantallas de televisión, nadie pregunta quién vendió las armas a los asesinos, o cómo se financian ante los ojos mismos de las agencias de seguridad más poderosas del planeta, esas agencias que leerán esta entrada de mi blog antes de que llegue a vuestras pantallas. 
  Yo no puedo evitar hacerme esa pregunta. Y esa sí cabría en un mensaje de Twitter.

domingo, 4 de octubre de 2015

El aire que respiro

Hace apenas dos días, la corresponsal de El País en Bruselas firmaba una crónica descorazonadora, pero no sorprendente.
 Los gobiernos de los veintiocho países que conforman la Unión Europea se muestran absolutamente solidarios con Alemania en la vergonzosa situación del fraude masivo a la humanidad de una de sus marcas estrellas, la Volkswagen, que lleva años engañando a gobiernos y consumidores.
 Y lo que es peor, lleva años envenenando nuestro aire de forma consciente y programada para mejorar sus beneficios.
     La propia fábrica alemana ha advertido a la Comisión Europea que se ande con cuidado con las consecuencias de sus investigaciones. El delincuente se permite amenazar a los representantes políticos de los ciudadanos europeos que cumplen con su obligación de defender el medio ambiente. 
   La fiscalía alemana ha renunciado a investigar al presidente de la firma bajo cuya responsabilidad se ha cometido el fraude y el atentado contra un bien universal. 
      La Volkswagen ya no está siendo investigada. 
    Aquí paz y, luego, gloria. Una buena campaña de imagen dentro de unas semanas, y el tema quedará resuelto, porque la memoria ciudadana es frágil y habrá otros escándalos que distraigan su atención.
   En España, el gobierno, que lleva mucho tiempo en campaña electoral, calculó mal. El ministro Soria salió en los medios sacando el pecholobo de precampaña y anunció que la marca alemana y sus filiales deberían devolver las subvenciones recibidas. 
    ¡Craso error enseñarle colmillos al macho alfa alemán! Tras la visita del propio vicepresidente de la firma ha debido envainarse aquel anuncio irreflexivo. Y ha debido, además, pagar la vergonzosa penitencia de salir a los medios desdiciendo su poco meditada afirmación.
 La modélica firma alemana ha argumentado de forma irrebatible que sus técnicas de engaño no afectaban a las emisiones de monóxido de carbono, sino al óxido de nitrógeno. El veneno era otro, por tanto las subvenciones por controlar las emisiones de CO2 están legalmente justificadas y no tendrán que devolverlas.
 Ese gas en el aire acabará convertido en ácido nítrico y producirá lluvia ácida. Él es, también, uno de los principales responsables del agujero de la capa de ozono. Y, combinado con la radiación solar, su efecto es doble: contribuye al calentamiento global en las capas más altas de la atmósfera y crea en las grandes ciudades la “boina” de aire contaminado tan perjudicial para la salud humana.
 Es imposible evaluar los costes devastadores de esta irresponsabilidad criminal, sobre todo porque los daños resultarán muy duraderos. Pero la deuda griega, esa vergüenza lacerante que ha crucificado a todo un pueblo ante los especuladores que aprovecharon su necesidad para rentabilizar sus ahorros, es el chocolate del loro si lo comparamos con esta deuda irrecuperable que la civilizada y honestísima Alemania ha contraído con la humanidad. Otra más.
 Yo estaba equivocado. 
   Pensaba que las pagas extraordinarias que me arrebataron  y el aumento de jornada laboral por menos sueldo que me impusieron estaban destinados a pagar el agujero financiero que provocaron los aprendices de brujo, carentes de moral y de cerebro, que manejan las finanzas.
     Pero acabo de descubrir que una parte de lo que perdí ha servido para subvencionar a quienes han estado envenenando de forma consciente y voluntaria el aire que respiro. 
 Dentro de  medio siglo, cuando el desierto haya devorado definitivamente todo el Levante español hasta Tarragona y buena parte de Castilla-La Mancha, mis nietos que andarán pagando las consecuencias dolorosas de esa pérdida en tierras fértiles y en lugares para el asentamiento humano, oirán todavía a algún ministro alemán proponiendo la expulsión del euro de los endeudados griegos, porque suponen una amenaza para el futuro de Europa.


miércoles, 29 de julio de 2015

Medea



De pie, Margarita Xirgú y Enrique Borrás (Medea y Jasón),  dos primeras figuras de las tablas españolas  de la época.
Sentado, Miguel de Unamuno, traductor y adaptador de la “Médea” de Séneca, que inauguró las representaciones en el Teatro Romano de Mérida en 1933.


Fotografía conservada en la Casa-Museo Unamuno en Salamanca.




                         Casi cada verano, desde hace ya bastantes, yo llevo a cabo un acto purificador; peregrino a Mérida y me sumerjo entre la multitud complacida que acude al Festival de Teatro Clásico que se celebra en la ciudad. Cumple este año su sexagésima primera edición.
                    Todo empezó, seguramente, con la apuesta de la Segunda República por la Educación y la Cultura. Aquella España, infinitamente más pobre que la que hoy maltrata a la Educación Pública con una ley de Educación dañina, promovió la primera gran reforma educativa de la Historia de España con principios humanistas y laicos; proclamó el derecho a la educación de cualquier ciudadano; promovió la formación del profesorado para que la educación fuese eficaz y productiva;  y tenía el proyecto de construir en cinco años veintisiete mil escuelas. Mientras tanto promovió las misiones pedagógicas y apoyó al teatro para que pudiera llegar a cualquier rincón apartado de la España analfabeta y miserable, herencia de la monarquía borbónica con la complicidad imprescindible de la Iglesia.
                    Todo empezó seguramente en el ambigú del Teatro Español de Madrid. Se estrenaba “El otro” de Unamuno. Y asistieron a la reunión informal Fernando de los Ríos, a la sazón Ministro de la República, el propio Miguel de Unamuno y la actriz Margarita Xirgú. Ella era por los años treinta del pasado siglo la diva indiscutible del teatro español, la gran actriz cuya sola presencia garantizaba el lleno. Había visitado el teatro romano de Mérida en una breve incursión en la ciudad y quedó impresionada de las obras de rehabilitación que don José Mélida había llevado a cabo en el lugar.
                    En aquella conversación el Ministro alabó aquel monumento recuperado y lamentó la ausencia de iniciativas que potenciaran su uso como un teatro al aire libre; Margarita Xirgú manifestó su predisposición a protagonizar aquel estreno original y único si alguna vez era posible. Manifestó, también su preferencia por uno de esos personajes inolvidables de la tragedia griega. Ella deseaba ser Medea en Mérida.
                    La oyó Unamuno que probablemente la admiraba. Y quince días después tuvo la actriz entre sus manos el libreto con la adaptación teatral de la “Medea” de Séneca que Unamuno tradujo para ella.
                    Corría el año 1933. Dio inicio allí una de las iniciativas culturales más ricas y duraderas del país; quizás, el festival de Teatro Clásico más importante del mundo.
                    Yo admiro a las ciudades que saben poner en valor sus recursos, escasos y preciosos casi siempre. Admiro a Mérida. Por el cordón nutricio del festival conecta con el resto del mundo y  el mundo le devuelve la admiración que nos produce su pasado, su grandeza, su tesón, sus ganas de vivir. Durante dos calurosos meses de verano Mérida se transforma en la capital mundial del escenario y allí acude gente de todos los lugares por una buena causa. Y casi todos los que llegan prometen regresar en el futuro.
            Este verano Mérida programó dos versiones distintas de Medea. El mito de Medea resulta inamovible. Ella representa el mal como pocos personajes femeninos de la Literatura Universal. Y nosotros preferimos dar crédito a lo que resulta tenebroso. Sobre lo tenebroso arraiga la emoción. En lo tenebroso se levanta la frontera invisible que separa a  los hombres virtuosos, entre  los cuales nos contamos, y los malvados que encarnan lo inefable, el crimen, la violencia que destruye los valores sobre los que la  ciudad asienta su futuro.
            Por eso la leyenda de Medea será una leyenda inalterable, la leyenda de crímenes horribles que nunca cometió.
            De toda la tradición misógina de Grecia, de esa literatura que en ocasiones amplifica el temor del varón griego a las mujeres, Medea es la cima inalcanzable.
            Ella es la advertencia de los varones griegos a las mujeres que aspiran a una mayor independencia. Porque la culpa primigenia de Medea es que ella piensa como un hombre.
            Para no cansaros, tres señales os daré de esa actitud.
            Elige al varón con el que quiere compartir su vida y le hace prometer fidelidad eterna ¿Qué griega en sus cabales haría eso? Una griega decente toma su dote y encamina sus pasos a la casa del esposo que su familia eligió para ella.
            No acepta que su marido la repudie y se rebela. Buenas pruebas dejó de su despecho y de su cólera. ¿Qué varón griego aceptaría  con sumisión ser repudiado por su esposa y que ella eligiera un nuevo compañero más poderoso, más joven o más rico? Empuñaría su espada y tomaría venganza. Y la ciudad aplaudiría su decisión.
            Reclama compartir con Jasón la patria potestad; le discute al varón la propiedad de los hijos. Hasta tal punto, que llega a arrebatarles la vida. Y sólo al varón, -o a la ciudad, según nos cuentan de las costumbres espartanas-, le está permitida esa crueldad, sin que sufra por ello consecuencias. Un padre, si el hijo le disgusta, en los primeros días de su vida puede exponerlo a la puerta de su casa o en el ágora, hasta que muera o hasta que un viandante se apiade de su llanto y lo recoja para adoptarlo como un hijo o, quizás, para venderlo como esclavo. Y el propio Agamenón sacrificó a Ifigenia. Nadie consideró aquel acto el crimen horrible de un padre cruel y sin conciencia. Salvo la madre de Ifigenia, la vengativa Clitemnestra.      
            Pero esta mujer colérica y malvada no es, afortunadamente, griega. Ella es una mala madre, apasionada, salvaje y extranjera. Ha sido educada como un hombre y ese empeño alocado de gobernar su propia vida y de vivir en libertad solo ocasiona destrucción en el orden sagrado de la familia griega.
            Kión de Yolco, un poeta jorobado y cojo, que conoce bien la vida de Medea, sabe que la Medea que ha llegado hasta nosotros es absolutamente falsa. Y nos ha dejado en hexámetros sonoros el momento preciso en que dio comienzo su leyenda de maga poderosa y sin conciencia. Yo los  he traducido por si hay entre vosotros una Xirgú dispuesta a encarnar a esta Medea que yo estoy concibiendo de manera febril, pero muy lentamente.

            “Sobre la cubierta del Argo, en el viaje de vuelta, dio inicio su leyenda.
            La princesa cólquida, de lengua desconocida, cabello ensortijado, mirada huidiza en esos días y hermosura de muchacha frutal, nos hizo enloquecer sobre aquel barco. La defendieron de aquel incendio de deseos acumulados en un largo viaje su leyenda de maga poderosa, que yo fragüé de acuerdo con Jasón,  y el hecho de que todos sabían que ella era el otro tesoro del príncipe de Yolco. Un tesoro que no estaba dispuesto a compartir. Ella no era un rehén, ni una mujer raptada en una isla de pescadores pobres en un desembarco de saqueo.
                    Y Jasón era el hombre que costeó aquel barco.
                     Sobre las aguas de la mar el dueño del barco que te lleva tiene una autoridad indiscutible; sobre las aguas de la mar el barco que te lleva es tu patria, la tierra que sustenta tu existencia frágil, y su dueño es el rey cuya autoridad nadie discute. Esa ley no escrita salva vidas. Si existen diferencias, se solventan en tierra.
                    Jasón era también el hombre que prometió diezmar el oro y repartirlo.
                    Durante aquel viaje mil veces me asaltó el pensamiento de que ella era una muchacha observada fijamente en cada movimiento, a cada paso, por un rebaño de machos cabríos en época de celo, dispuestos a embestirse izando al aire sus poderosas cornamentas.
                    Y de noche, cuando, oculta tras un montón de lonas amontonadas en cubierta por si el viento quebraba alguna vela, ella orinaba en un cuenco de madera que Jasón le ofreció como único ajuar imprescindible sobre un barco de guerra , se hacía el silencio más profundo que yo haya escuchado jamás en una nave, y podía verse a la jauría de faunos removiendo inquieta sus pezuñas cubiertas con polainas de cuero.  Olfateaban el aire, por si la hembra joven estaba receptiva.
                    Jasón era consciente del deseo que despertaba la mujer que le entregó un tesoro y que  se enroló como salvaguarda de su huida. Dejó de ser amable con los otros, redobló las señales de la indiscutible autoridad que se le supone al capitán de un barco de guerra fugitivo, y defendió a Medea de cualquier quebranto, manteniéndola siempre junto a él o al alcance de su vista. Y ella dormía a su lado, defendida por su permanente vigilancia.
                    Seguramente allí, sobre cubierta, fue su himeneo; sobre un lecho de arpillera impregnada de salitre.
                    Jasón era también un fauno,  joven y hermoso. Y Medea ya lo amaba. Lo amó con ese amor confuso que un griego hermoso y arrogante provoca en las muchachas extranjeras.
                    Un día Jasón solicitó la ayuda de las Musas.
                    La tripulación ha de temer a la muchacha cólquida, poeta. Ha de temer incluso su contacto.
            ¿Y qué puedo decir de esta muchacha que te acompaña, príncipe Jasón? Nada sabemos de ella.
            Ella conoce pócimas secretas. Durmió a la guardia de palacio. Hazla temible. Ella  es valerosa y decidida;  es extranjera y está rodeada de misterio; se presta a soportar una leyenda. Inventa. Las Musas se han puesto de tu parte muchas veces. No olvides que ellas están plantando para ti y para tu padre viejo un olivar inmenso en las colinas de Yolco.
            Y desde aquel mismo día los marineros la observaban a distancia con temor. Yo corrí el rumor de que aquella muchacha que nos ayudó a robar el oro de la Cólquida era una hechicera poderosa. Podría convertir en cerdo a un navegante que rozase aunque solo fuera el borde de su peplo.
            Entonces el futuro de Medea me resultaba indiferente.”

miércoles, 22 de julio de 2015

El Morador insomne



       En 1988 esta novela ganó el premio internacional de novela en lengua castellana "Felipe Trigo". Fue la primera vez que se abrió el concurso a autores extremeños, que hasta entonces teníamos una modalidad propia, menor, y lo fue a ganar la novela de un extremeño. 
      Para mi fue un hito, pero a la vez supuso haber alcanzado la meta antes de comenzar a caminar. Aunque había ganado algún concurso de novela breve, El Morador era mi primera novela digna de ese nombre, y se hizo con un premio literario de prestigio. El morador fue para mí tocar la gloria, pero también supuso mi tumba literaria temporal. Aquel año, según me comentó la Editorial, anduvo en las quinielas del Premio Nacional de la Crítica, aunque lo ganaría otro extremeño, Luis Landero, con su novela Juegos de la Edad Tardía.
       Decidí por mi cuenta que ya nunca lograría escribir nada mejor. Y aparqué la creación literaria. Creo que fui víctima de algo parecido al síndrome de Estocolmo, secuestrado por mi propia novela, pero feliz por ello.
          Muchos años después logré librarme y hoy ya soy un escritor libre de escribir otra novela, si me place.
        Aquella edición me disgustó sobremanera. A pesar de que yo corregí las galeradas, salió a la luz con más de cien erratas; algunas suponían incluso un cambio de la palabra original. La propia portada era un sindiós que no hacía referencia alguna al contenido. En abril, tres meses después de su publicación, la Editorial me llamó para acometer la segunda edición. La tirada del premio se había agotado ya en las librerías. La autoricé. Pero hasta hoy no he vuelto a tener noticias de aquel editor tan descuidado.
         Me prometí a mi mismo que El Morador vería la luz de nuevo sin erratas.
         Y la ha visto.
         La reseña del Morador en la edición digital de la Casa del LIbro dice :" esta edición corregida y ampliada por el autor, es literatura en estado puro; literatura de largo recorrido. Magnífico retrato humano de la España rural de la preguerra, la guerra y la postguerra civil. El núcleo argumental gira en torno al deterioro del poder heredado, carcomido por la propia inadaptación a los cambios históricos, y al deterioro de una sociedad anacrónica".
        El Morador fue un señor de la dehesa, dueño de tierras y de vidas; causó daños incontables. Tuvo seguramente su castigo. 
              De alguna forma hoy lo devuelvo a la vida con la intención de que colabore con nosotros en reparar, aunque sea a una escala muy pequeña, los daños incontables que ocasiona la injusta distribución de la riqueza.
          Está disponible a un precio módico en la Casa del Libro para cualquier tipo de Tablet, cualquier tipo  de eReader (sea esto lo que sea), para smartphone o para tu propio ordenador. Los beneficios netos de su venta se destinarán íntegramente a la obra social de la ONG "Acción Solidaria ya" Os dejo su enlace por si os interesa conocerla: http://www.accionsolidariaya.org/
           Si os inclináis por comprarla, obtendréis un doble beneficio, una buena novela y la seguridad de que estáis colaborando a paliar situaciones de carencia extrema en lugares muy diversos del mundo. Si no os interesa esta lectura, compartid al menos esta entrada por si hay gente que pueda estar interesada. Quién sabe si acercaremos con ello agua potable a alguna aldea perdida en el mundo donde viven los pobres verdaderos.
        Esta vez la portada es perfecta. Ahora me gusta. Y ha sido el regalo para este Morador de Andy Jiménez, diseñador gráfico, entre otras muchas cosas, e hijo mío.

domingo, 19 de julio de 2015

Hartos de Alemania

           Hay más de mil lecturas diferentes sobre la situación de Grecia y sobre las culpas compartidas en dicha situación. Pero hay una lectura clara y unívoca que aflora en rincones muy distantes de Europa y del planeta.
            Esa lectura unívoca anuncia que hay un oscuro temor que se cierne sobre los intelectuales. Habrá que aclarar que hablo de intelectuales en su mínima expresión, hablo de gente que conoce el pasado reciente, que no es poco; hablo de gente que conoce bien los procesos históricos del último siglo, las razones que los ocasionaron y las consecuencias, muchas veces dolorosas y terribles.
            El euro no es un hallazgo reciente, aunque lo pueda parecer. Ya cinco siglos, al menos, antes de nuestra era, los griegos unificaron su moneda, -la dracma- para facilitar el comercio entre las polis.
            El euro que copió aquella iniciativa razonable nos pareció un buen invento. Quizá lo sea. Pero, a falta de otras medidas de verdadera política europea, se ha convertido en una cárcel para mucha gente. La moneda única en este territorio amplio, rico, productivo y consumista ha producido infinidad de beneficios, pero lamentablemente repartidos. Y se ha convertido en un problema para algunas naciones, porque la ausencia de una política fiscal y de un parlamento verdadero han convertido la Unión Europea en un lugar inhóspito. Y no solo para los griegos.
            Por mucho que se empeñe el liberalismo radical que campa a sus anchas por los medios de comunicación, Grecia está siendo maltratada. Y me refiero al pueblo griego, porque los evasores griegos son recibidos con los brazos abiertos por la Europa falaz y aprovechada. Grecia ha cometido errores, como casi toda Europa, pero se les ha arrebatado su capacidad de autogobierno. 
            Grecia es hoy un protectorado de Alemania.
            Lo repetiré, por si acaso genera alguna duda. Grecia es un protectorado de Alemania. Las políticas impuestas a ese país proceden de Alemania, la inflexible defensora de sus exclusivos intereses, los de sus inversores  y los de su sistema financiero. No es solo culpa suya; hay una Europa modorra, cobarde, seguidista y servil que la secunda.
            Y ahora, definitivamente, hay un temor que se enrosca en nuestra mente. La Unión Europea es cada vez más tecnocrática y menos democrática. El Parlamento Europeo es una pantomima y una burla de cualquier sistema democrático. Gobierna Bruselas siguiendo fielmente los dictados de Alemania.
            Cada vez que Alemania, ese país soberbio y con la conciencia colectiva más cargada de culpa del planeta, intenta dominar Europa, acaba destruyéndola. Si Alemania tiene en la cabeza un proyecto europeo, antiguo y verdadero, se traduce en una Europa sometida a sus dictados. Hoy seguimos viéndolo con absoluta claridad.
            Y ese temor es el que acucia hoy a quien se atreve a vislumbrar nuestro futuro. La Unión Europea fue una iniciativa extraordinaria, pero la Unión Europea que Alemania maquina amenaza hundimiento y destrucción.

            

jueves, 2 de julio de 2015

Una lección inolvidable que Europa nos dicta desde Grecia

             La situación de Grecia hoy, en vísperas de un referéndum que es un bidón de dinamita, resulta una buena muestra de la incapacidad de la política europea para solucionar sus problemas. Es también una buena muestra de la vaciedad del sistema democrático en los países pobres.
            Cualquiera, medianamente informado,  sabe que la deuda griega es impagable. Tan impagable como lo era la deuda alemana en 1953, aunque la deuda griega de hoy es una minucia comparada con aquella. Y aquella acumulaba en su debe, además, ochenta millones de muertos sobre la faz de la tierra y una Europa en carne viva y dividida. 
            El gobierno griego sabe que la deuda de su país es impagable. Y la solución que los socios le ofrecen es seguir aumentando esa deuda e hipotecando el futuro del país hasta el infinito. No parece la solución más razonable.
            Cualquiera sabe, también, que la aportación de Grecia al PIB europeo es insignificante, apenas un 2%, unos ciento ochenta mil millones de euros; el PIB de Andalucía, por ejemplo, supera los ciento cuarenta mil millones de euros anuales.         ¿Alguien cree sinceramente que el peso económico de Andalucía en la U.E. podría poner en peligro la estabilidad de la moneda única y la propia idea de Europa?
            Yo, tampoco.
            Grecia, si se me permite el símil, es como el alumno díscolo al que el maestro castiga de rodillas, con los brazos en cruz y soportando un pesado diccionario en cada mano. Grecia es como ese alumno díscolo, arrodillado en el estrado, bien visible. El alumno que sirve de escarmiento a los demás.
            Desde ese estrado, en el que el pueblo griego, –el pueblo pobre, me refiero-, permanece arrodillado ante los cajeros automáticos, y  bien visible a los ojos de Europa, se nos está dictando una lección terrible y clara: votad a quien queráis, pero las políticas económicas, las únicas políticas que sirven para el diseño del Estado, las dictamos en Bruselas y  somos la voz de los mercados financieros y la del liberalismo radical.
            Quieren al gobierno arrodillado junto al pueblo, porque eso les da tranquilidad. Tsipras se niega y remolonea por el estrado. He ahí el problema primordial.
            Para ser justos, hay un culpable destacado en todo este proceso de descomposición íntima de la cohesión europea por parte del capitalismo especulativo, invasor  e imperialista. La socialdemocracia europea abandonó hace ya demasiado tiempo su representatividad y renunció al bagaje ideológico que ayudó a refundar Europa.
            Ella es la culpable verdadera.
            Han dejado vacío un espacio imprescindible para garantizar el equilibrio.
            El culpable no es Tsipras. Ninguno de los que aspiran a ocupar ese lugar desde el que se defiende el derecho de los pueblos es culpable. Son débiles, sencillamente. Y la Europa jardinera se apresta a erradicar las malas yerbas antes de que le colonicen el jardín.
            Lo que se cuece en Grecia es un golpe de Estado, cuidadosamente programado. Luego se aireará como un fracaso estrepitoso de la izquierda radical  e irresponsable y nuestro Mariano respirará con menor dificultad y puede que concilie el sueño alguna noche.
     Se confirma mientras tanto que hoy el poder politico en Europa lo ejercen las medianías incultas, salidas de las escuelas de negocio, sin idea de Historia,y sin conocimientos de geopolítica y equilibrios globales en un mundo tan lleno de tensiones peligrosas. Una de las causas de la Primera gran Guerra fue que Ruisa necesitaba salidas a los mares del Sur. Puede que ahora el agresivo Putin la encuentre sin problemas. 
       Y China, esa economía pujante y heterodoxa cuya proximidad resulta amenazante, tiene ya en Grecia un país desesperado, con los brazos abiertos.
       Mariano no salió de una escuela de negocios, pero tampoco sabe historia.No es que lo necesite; le basta con caminar arrodillado por Europa. Sin embargo guardo en mi mente una sospecha.El castigo a Grecia es consecuencia de las últimas elecciones españolas.Una de esas  alarmas histéricas que el capital ha establecido cuando su dominio recibe un varapalo ciudadano se ha encendido y repica con insistencia. El cómplice de los usureros europeos ha perdido gran parte de su poder dañino en esta España dominada. Y Europa, la Europa cínica y canalla, saca a las calles sus poderes, su dominio de los cajeros automáticos. 
   Europa nos avisa, nos está dando una lección inolvidable sobre la piel de Grecia. 


domingo, 21 de junio de 2015

El caparazón de una tortuga

            Creo que ayer se celebraba el día de la música en Europa. La Europa que comienza a descoserse necesita días así.
            Y en días así, yo recurro a mi biblia personal. ¿Qué nos cuenta sobre el origen de la música el mito griego? Apolo y Hermes están en los comienzos; ellos inventaron la música. Y Hermes, el habilidoso Hermes que lo mismo servía para un roto que para un descosido, inventó la lira tensando unas cuerdas sobre el caparazón vacío de una tortuga muerta. Luego, todo sería ir añadiendo hallazgos sobre aquel invento, hasta el complejo hydraulis, un órgano de tubos primigenio que utilizaba una mezcla de agua y viento para imitar el canto de los pájaros.
            Pero yo no creo ni en los dioses griegos que  son los dioses que llenan mi biblia personal con aventuras, excesos y caprichos.
            Nadie inventó la música. Venía ya dada con el mundo.
            Yo descubrí la música cuando aún no había escuchado tocar ni un instrumento. En mi infancia montaraz había un rumor armónico que me proporcionaba una alegría inconsciente que no puedo explicar, el del aire jugando con los árboles y el del agua que cantaba en los arroyos. Ese era el fondo sobre el que creaban los solistas sus melodías hermosas. En los primeros meses del invierno había otro fondo distante en la dehesa, como de conversación monótona, ruidosa y multitudinaria en los alrededores de un mercado, el de las grullas que acudían al amor de las bellotas.
            Los  solistas más virtuosos son los pájaros; y, en alguna estación, colaboran con empeño los insectos. Cada hora del día tiene sus solistas, pero la hora mágica es la anochecida.
            Ahora bien, para oír con nitidez ese concierto es preciso el silencio. Hace ya siglos que yo perdí el silencio, ese tesoro imprescindible para gozar de tus propias percepciones y de tu propio pensamiento.
            Por casualidad, como sucede siempre el encuentro del hombre con las leyes de la física, me di de cara con el eco un día cualquiera. Un barranco  donde el río Matachel, un río que carece de leyenda, se encajona por propia iniciativa en terrenos pizarrosos, me devolvió mi voz una mañana. Fue mágico. Luego yo frecuenté aquel sitio muchas veces y pasé horas jugando con el eco. Descubrí que el sonido, como la pelota blanca que era el regalo que me dejaban los magos cada año, volvía hacía mí si rebotaba en las paredes. Jugaba a sorprender al eco con sonidos extraños, inesperados, repentinos, con silencios prolongados para provocar su distracción. Pero era perspicaz y siempre respondía. A decir verdad, no siempre funcionó y hubo ocasiones en que me volví al cortijo defraudado porque aquel día mi compañero invisible de juegos no había acudido a la cita.
            Desde entonces me acompaña el convencimiento de que el primer instrumento musical que empleó un ser humano fue su propia voz y que la usó para imitar la partitura extraordinaria que la naturaleza le ofrecía.
            Ayer, día de la música en Europa, recibí también una de esas peticiones de apoyo a iniciativas diferentes que son tan frecuentes en la red. Esta pretende paralizar una disposición de la Junta de Andalucía que prohíbe tocar música en directo en bares y lugares no especialmente habilitados para ello.
            La he firmado.
            Seguramente la música en directo en lugares próximos a las viviendas generará incomodidades. Pero los políticos hábiles regulan la actividad humana para minimizar los inconvenientes de algunas iniciativas; los políticos que emprenden este noble oficio con vocación de servicio encuentran el modo de que intereses encontrados convivan en relativa paz; sin embargo, los políticos perezosos e insensibles prohíben, aunque afecten a la creatividad y, seguramente, al empleo en el caso de muchos grupos musicales pequeños que se dan a conocer y viven de actividades de este tipo; los perezosos emplean el poder de forma que siempre genera perdedores, generalmente aquellos cuyo voto importa escasamente. Así nos va. 
            Imaginad lo que habría sido de nosotros si a Hermes le hubieran prohibido manipular el caparazón de una tortuga muerta.
           


sábado, 13 de junio de 2015

Aviso de navegantes

De una novela, inconclusa, sin título todavía, cuya protagonista es Medea, que unió su vida con la vida de Jasón, un aventurero que rara vez cumplió con la palabra dada.

Rememorando esta aventura de los Argonautas no pude menos que asociarla a una noticia aparecida en la prensa relacionada  con un fuerte movimiento, iniciado hace meses en toda Europa en defensa de la gestión pública de los recursos hídricos. 
       Os la dejo como primicia. 


            En cualquier viaje hay días de calma, días saludables en los que nada viene a quebrar la paz de la cubierta. Ni amenaza tormenta, ni hay tierras a la vista que solivianten a la tripulación con su promesa incierta de agua fresca, huertas de  campesinos pobres, rebaños indefensos, secaderos de pescado o  muchachas que raptar en las aldeas humildes.
            En días así, los marineros dejan pasar las horas entretenidos con los dados, protegidos del sol a la sombra cambiante de las velas desplegadas.
            La realidad, entonces, no ofrece inspiración alguna. Y el príncipe de Yolco afila su inquietud, sospecha que  las musas no tienen ya querencia por el nido que laboriosamente construyeron en el interior de mi cabeza y su mirada me persigue por cubierta. Jasón aguarda con paciencia su momento de gloria. Noto en su mirada la ansiedad de aparecer enaltecido en mis hexámetros, pero no lo reclama. Heracles ya quedó atrás, desembarcado por propia voluntad, buscando a su aprendiz de héroe, a su Hilas hermoso, de cabellera ensortijada y figura confusa, que aunaba las formas del varón y la doncella. El semidiós que nunca duda ya no hace sombra al príncipe de Yolco, pero aun no habrá llegado su hora según el dictado de las musas. A falta de otro espejo en que mirarse para ver reflejada su grandeza necesita mis versos; a veces creo que es el Jasón que yo le ofrezco el Jasón que satisface su ambición de gloria, el Jasón que él quisiera que vieran los demás. Nada brillante ha acometido aún, pero encontrará sin duda su ocasión.
            Un olivar me espera.
            Decidí complacerlo, porque temo que este hombre ambicioso que navega en busca de un tesoro olvide su promesa y me devuelva al pegujal de Diceópolis, si alguna vez volvemos, con las mismas riquezas con las que salí, mi atadillo de ropa, mi bastón y mi pétaso[1].
            Así que a falta de desembarcos verdaderos tuvieron los héroes que acompañaban a Jasón un desembarco literario. Ocasión habría de que alguno de aquellos varones esforzados demostrara la razón de su fama merecida. Jasón mismo encontraría en mis versos ese reflejo de sí mismo que tanto le complace.
            En días de calma, incluso sobre la cubierta de una nave de guerra, un poeta lisiado encuentra un lugar donde escribir sus versos. Vi una luz de esperanza en la mirada de Jasón. Al fin las musas habían vuelto para darle un fundamento literario a su ambición.
            Escaseando el agua enfiló el Argo su proa hacia las costas de Bitinia; pronto afrontaríamos la temible travesía del Bósforo, la puerta que da paso, si eso place a los dioses y a las rocas viajeras,  a ese mar tan hostil al extranjero. Fue el caso que el Argo atracó sus cuadernas castigadas por las olas en las tierras de Ámico, el orgulloso rey de los Bebrices, el más insolente de los hombres y el más  lenguaraz camorrista que hayamos conocido en el viaje.  Un hombre tosco, Ámico; muy orgulloso de su fuerza.
            Envié por delante a los dioscuros, esos gemelos animosos de la estirpe de Zeus que nacieron de un huevo. Llevaban la misión de encontrar agua dulce. Y la encontraron; una fuente de aguas cristalinas que manaba entre las rocas de un promontorio cubierto de maleza.
            Buen motivo el agua para justificar una batalla literaria. El agua escasea en Grecia. El paso hacia los abrevaderos en estío ha hecho correr la sangre con frecuencia. Las musas conocen bien su oficio. Y yo guardo memoria de pastores enarbolando sus nudosos bastones en disputa por el uso del último hondón de algún arroyo para abrevar a su ganado.
            No obstante, no parecía que allí el agua escaseara, porque la fuente manaba sin cesar y su rebosadero generaba un arroyo de agua clara que se perdía en dirección a la llanura.
            Celebraron los gemelos el hallazgo con risas despreocupadas y bromas de muchachos sin maldad. Polideuces, usando sus manos entrelazadas como un cuenco, inclinado sobre la fuente para calmar su sed, había arrojado agua a  la cara de su hermano. Y Cástor, que sujetó a su hermano por el cuello en posición muy ventajosa, forcejeaba con él intentando hundir su cabeza bajo el agua en justa represalia.
            No muy lejos de ellos, emboscado en la maleza frondosa, los observaba Ámico, un hombre grande y musculoso, de aspecto temible, que cubría sus hombros y su espalda con la piel de un león, el privilegio exclusivo del rey de aquellas tierras.
            Puede que anduviera emboscado por allí Sileno [2] con su coro de sátiros, pero poco les corresponde hacer a los sátiros en un poema de héroes esforzados. Y menos en el momento culminante en el que está a punto de desencadenarse la violencia del fiero combate cuerpo a cuerpo.
            Lo vio el primero Polideuces.
            Hola, quien quiera que tú seas,- lo saludó con el tono amistoso que emplean los extranjeros en una tierra extraña. Nada temas. No somos malhechores ni ladrones. Somos viajeros de la mar en busca de agua fresca que empieza a escasear en nuestros odres.
            Hablas con Ámico, el que domina cuanto ves,- le contestó el rey de los Bebrices. Y no es costumbre en esta tierra sentir temor alguno ante los vagabundos de la mar.
            Su tono hostil no desanimó aun a los dioscuros.
            No somos vagabundos de la mar. Los varones más claros de Grecia se han embarcado con Jasón-, le respondió Cástor, escogiendo cada palabra con prudencia. Ven con nosotros hasta el barco. Tú mismo podrás comprobarlo.
            Y, en cuanto a nuestras intenciones-, añadió Polideuces,- yo te aseguro que son pacíficas y nobles. Ven con nosotros hasta el barco y volverás a tu casa con regalos de hospitalidad y compromisos de socorro mutuo, por si alguna vez los necesitas. Nosotros tomaremos el agua imprescindible y nos haremos a la mar de nuevo.
            Nadie ha tomado nunca el agua de mi fuente sin pagar el precio estipulado, por muy nobles que sean sus intenciones.
            En ninguna tierra que hayamos conocido se cobra por el agua a un navegante sediento. Los dioses repartieron el agua por el mundo y no le dieron dueño. Extraño sitio es este y extrañas son tus leyes que contradicen la hospitalidad debida a los viajeros necesitados.
            Y Cástor ya había colocado su mano sobre la empuñadura de la espada. El orgullo de un héroe está pronto a manifestarse, si una ley no escrita se quebranta. ¿Qué necio pone precio al agua? ¿Qué arrogante ambicioso quiere marcar el agua con un hierro al rojo como si el agua fuera su rebaño?
            Polideuces tranquilizó a su hermano sujetando su muñeca.
            ¿Qué precio solicitas?,- preguntó.
            Pareció reflexionar Ámico un precio razonable.
            He visto vuestro barco y parece seguro. Es un barco recio y, seguramente, será rápido. Sería un buen precio por mi agua,-dijo al cabo.
            Supieron entonces los dioscuros que un desenlace pacífico empezaba a resultar imposible en aquellas costas  de Bitinia.
            Sabes de sobra que no pagaremos ese precio,- respondió Polideuces. ¿Qué pretendes? ¿Por qué te arriesgas a provocar la cólera de la tripulación de un barco de guerra que  nada tiene contra ti o contra tu pueblo? ¿Acaso nos conoces? ¿Sabes qué hombres navegan en el Argo?  Locura me parece por tu parte. Debes saber que en ese barco, capitaneados por Jasón, navegan los guerreros más notables de Grecia. Cualquiera de nosotros conquistaría tu fuente sin esfuerzo.
            No eres sino un muchacho sin prudencia. Nadie ha vencido nunca a Ámico en un combate singular, sin armas. Sé que no ha nacido todavía el hombre capaz de derrotarme. Vuestro orgullo de guerreros escogidos merece una lección inolvidable. Llamad a vuestra gente, convocadla en ese claro en la arboleda que desde aquí se ve a orillas del arroyo; elegid al más fuerte y yo lo venceré. Ese es el precio que le pongo al agua de mi fuente. Cuando hayáis aprendido la lección, podréis tomar el agua que queráis y seguir vuestro camino.
            Sopló luego el cuerno recortado que llevaba colgado a la cintura y supieron los dioscuros que estaba convocando a su cuadrilla de hombres hoscos, seguramente un pueblo montaraz que se alimentaba de bellotas y que contaba por victorias cada combate de su jefe.  Así se suelen comportar los hombres que nunca han traspasado las fronteras del horizonte que alcanzan con la vista. No creen que conocer el otro lado de esa línea les merezca la pena. Desprecian cuanto no pudieron aprender, lo que otros saben. Y eso, en ocasiones, les conduce a la ruina.
            Ya has elegido contrincante,- afirmó Polideuces. Yo mismo tomo la obligación de darte la lección que nos reclamas.
            Soltó una risotada el rey de los Bebrices.
            ¿Un muchacho sobre el que no ha cabalgado aun una hembra placentera me dará una lección…? ¿No hay ni un solo hombre de verdad en ese barco de guerreros escogidos…? Porque sospecho que la bolsa de cuero que te cuelga entre las piernas aun está vacía, sin el peso que es propio de un varón cabal.
            No contestó Polideuces.
             Y si Ámico hubiera sido un hombre cultivado no habría retado a un combate con los puños a uno de los tripulantes del Argo, porque entre ellos , hasta hace poco, se encontraba Heracles en persona, y ahora mismo se burlaba del más destacado pugilista que hayan visto las  palestras de Grecia; retaba a Polideuces, inmortal además, si es que algo faltaba para dar cumplida respuesta a su falta de hospitalidad y a  su soberbia.
            Partió raudo Cástor llevando hasta el Argo, anclado en aguas poco profundas, la noticia de aquel reto, y pronto todos los Argonautas que portaban sus armas por si aquel desafío derivaba en combate colectivo, se encaminaban hacía el llano establecido como arena improvisada. Iba al frente Jasón  engalanado con la capa roja que era un regalo de Atenea. Su casco reluciente de argonauta en jefe, empenachado con crines de una yegua tesalia, le prestaba el aspecto de un guerrero invencible.
            Mientras, los dos púgiles habían ido descendiendo lentamente hasta el claro del bosque, a buena distancia el uno del otro y sin perderse la mirada. Ámico se burlaba del muchacho con risotadas hirientes y hacía crecer la justa cólera en el interior del vástago de Zeus.
            Pronto estuvieron todos en el claro señalado. A un lado, los Bebrices de largas cabelleras y maneras rudas; al otro, Jasón y sus notables compañeros. Los contendientes se retaban en silencio con miradas feroces. Arrojó Ámico su piel de león sobre la tierra, mientras Polideuces se despojaba de su manto delicado, bien tejido, que era regalo de una lemnia agradecida por su amorosa compañía.
             Y por cada bando, uno ayudó a envolver las manos de los púgiles con las tiras de piel de buey,  duras y secas. Cástor se encargó de ayudar a su hermano. Ámico contó con la de uno de los suyos,  malencarado y con la cara picada de viruelas locas.
            Allí, viéndolos dispuestos al combate,  resultaba desigual el reparto de fuerzas para cualquier observador poco avisado; grande, membrudo, de mirada feroz el rey de los Bebrices; cubierto  su poderoso pecho de un vello negro y rizado, como el lomo de un jabalí salvaje; Polideuces, por su parte, era lampiño, aun no le afloraba en las mejillas la rizada barba, y su mirada clara aun rebosaba de inocente juventud.
            Pero que no os engañe la apariencia. El destino de Ámico estaba escrito. Nunca más volvería a anudarse las correas en sus muñecas anchas como las ramas de una encina.
            Llegados a este punto, tras encararse ambos contendientes brevemente, comenzó el combate. Con furia inagotable lanzaba contra Pólux el rey de los Bebrices sus puños como mazas de herrero; intentaba alcanzarlo y derribarlo a tierra, pero el dioscuro, bien entrenado en la palestra, esquivaba sus golpes con movimientos precisos y elegantes. Ello no hacía sino aumentar la rabia del rey de aquellas tierras que redobló su acoso al ágil argonauta. Y con ello aumentaba su cansancio y disminuían también sus fuerzas.
            Cansado de aquel juego, decidió Pólux darle el final que merecía y pasó al contraataque. Confundió con sus fintas al gigante, amagó golpes diversos y, al cabo, aprovechando la torpeza de aquel hombre cansado, alcanzó a golpearlo en la cabeza, tras la oreja, y todos los presentes pudieron escuchar el crujido del hueso que se quiebra. Cayó Ámico a tierra como cae el animal destinado al sacrificio apuntillado por el golpe certero del oficiante. Nunca más retaría a ningún extranjero. Por un solo golpe del muchacho perdió aquella mañana su reino, el agua de su fuente y su fama de púgil invencible.
            Aquel desenlace inesperado provocó la confusión entre los suyos. Algunos se aproximaron con presteza, lo llamaban por su nombre y lo zarandeaban bruscamente con la intención de reanimarlo, pero Ámico andaba en tratos con Caronte y estaba reclamando ya su pira funeraria.
            La confusión dejó paso a la cólera, y como una jauría que se lanza contra el jabalí acorralado en la espesura, se lanzaron contra Polideuces empuñando sus armas los Bebrices. Aquella afrenta reclamaba venganza. No menos prestos estuvieron los argonautas a defender a Pólux; y el primero, Jasón que reclamaba su momento de gloria en mi poema. Fue un combate desigual y breve. Muchos de los Bebrices perecieron como era de esperar, pues se enfrentaban a los guerreros más selectos de Grecia, varones invencibles que aguardaban hacía tiempo un combate por una causa justa. El propio Jasón llenó muchos hexámetros con enemigos derrotados. Cortó tendones con su espada, quebró huesos, abrió cabezas, atravesó la piel de cabra que cubría a sus enemigos y alcanzó a herir las vísceras  de aquellos hombres  soberbios y poco hospitalarios. Allí podréis admirar su compostura y su valor, porque se muestra como el argonauta en jefe solidario que arriesga su existencia por defender a uno cualquiera de los suyos.
            Animado por el hermoso combate imaginario, llevé a los argonautas a saquear también las huertas y los rediles de Bitinia. Y no contento con aquella afrenta, le propuse a las Musas que dejaran la cabeza de Ámico, separada del cuerpo, bien visible sobre la punta de una lanza clavada a orillas de la fuente que fue la causa del combate.  Y ellas aceptaron. Fue una dura advertencia para los hombres ambiciosos que pretendan adueñarse del agua en el futuro. No creo que haya ninguno que se atreva ni a pensarlo.




[1] Pétaso: sombrero cónico de los campesinos griegos.
[2] Sileno es el jefe de los Sátiros, personajes habituales del drama satírico. Kión sin duda está aventurando el argumento de un drama satírico de Sófocles en torno a Ámico, el  brutal personaje de esta aventura en tierra firme de los Argonautas. Sabemos de la existencia de ese drama, pero desconocemos su argumento.