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jueves, 15 de diciembre de 2016

Leña al fuego

        El nombre Andreas Schleicher no os resultará familiar; a mí tampoco hasta ayer mismo. Pero  he conocido por la prensa que es un señor alemán, principal responsable del informe PISA. Solo ese detalle ya despierta mi interés.
    Tras la polvareda mediática que han levantado los resultados de los escolares españoles  en dicha evaluación en el presente curso, afirma este hombre algunas cosas dignas de mención en la entrevista que ha concedido a los periódicos.
        Dice, por ejemplo, que los salarios de los profesores en España convierten la enseñanza en un oficio muy bien pagado, pero que, lejos de comportarnos como profesionales agradecidos y prácticos, actuamos sin motivación, como gente que acude a una fábrica sin implicarse demasiado en  lo que hace. Vivimos de espaldas a la realidad, excesivamente preocupados de los contenidos, sin atender a la verdadera formación que los jóvenes necesitan.
         Ya sabemos la causa principal de los resultados poco satisfactorios.
         Ganamos demasiado, rendimos poco. Empeñados en los inútiles contenidos, no colaboramos en su propósito de fabricar mano de obra acrítica, acomodaticia, y hábil con las nuevas tecnologías o dispuestos a inventar instrumentos novedosos de producción masiva sin necesidad de mano de obra humana. Esperan nuestra colaboración en el montaje de esa pieza humana en el engranaje productivo. Lo demás no importa. Las personas y sus proyectos vitales han de estar supeditados a su afán de controlarlo todo para garantizar el beneficio desmedido de una minoría poderosa y manipuladora.
    ¿Qué contenidos sobran? En realidad, todos. Las personas más capaces del futuro han de ser emprendedores individuales, con capacidades informáticas, experiencia en redes y buena disposición para trabajar en su propio domicilio. Allí prestarán servicios a la gran empresa sin vínculo laboral alguno y sin otro derecho que cobrar por su trabajo, cuando lo realicen, en dura competencia de precios con los millones de emprendedores que habremos fabricado. Habrá millones de emprendedores autónomos, saqueados por el propio Estado que le exigirá cuotas insosotenibles de cotización, y hambrientos. Ese futuro asoma ya su rostro indeseable. Los Centros escolares han de fabricar emprendedores y olvidar los inútiles contenidos. 
      En realidad los conocimientos de Historia, de Filosofía, de Arte o de Literatura son inútiles, una rémora porque quien sepa Historia o Filosofía estará bajo sospecha. Puede esconder bajo la piel un ser inadaptado, un espíritu inconformista, la semilla de una revolución. Los contenidos están cargados de peligro. Enseñan que las verdades únicas son el fundamento de las dictaduras.
      Las apreciaciones de este individuo coinciden en el tiempo y en la motivación con las propuestas del FMI, que recomienda a Rajoy controlar el gasto en Enseñanza y Sanidad, dos servicios públicos innecesarios y ostentosos, un lujo irresponsable impropio de un gobierno sensato.
         Afirmaciones de este tipo son realmente insultantes e inaceptables. Sobre todo porque proceden de un individuo que, seguramente, no habrá pasado ni un minuto en un centro escolar de este país.Descalifica a los docentes españoles y los arroja a los pies de los caballos, porque para eso cobra su salario. Seguramente no habrá intercambiado una sola palabra con ninguno de ellos. Nada sabe de los docentes españoles , pero los califica de inútiles y poco agradecidos con el lujo de salario que perciben. Y en este país cainita e irreflexivo, la opinión maliciosa de ese desconocido será para muchas personas una verdad indiscutible. 
      Pero quien tiene el poder tiene a los medios a su servicio, y su atrevimiento, lejos de comportarle consecuencias, seguramente le traiga prestigio y dividendos.La mentira y la manipulación se han convertido en el instrumento más valioso para dirigir a la ciudadanía por la senda conveniente.
    El capitalismo global y sus secuaces no reparan en medios para lograr sus objetivos. No hay a la vista ni un principio moral que pueda defendernos de la minoría  que se ha adueñado de nuestro presente y amenaza nuestro futuro. Nunca han tenido tantos medios ni tanto poder. Nunca hemos estado más indefensos. 

domingo, 11 de diciembre de 2016

A vueltas con PISA

            Las evaluaciones Pisa son como el virus del Herpes. Permanece adormecido y olvidado hasta que las condiciones medioambientales o nuestras defensas bajas le permiten reactivarse y fastidiarnos. Así, este incordio se activa cada tres años y se convierte en tema de debate, en arma arrojadiza o en instrumento para denostar al sistema educativo. Y, de paso, a quienes hemos hecho de la Enseñanza nuestro medio de vida y de inserción útil en la sociedad.
            Y, como en tantos otros aspectos, damos por bueno el plato que nos ponen en la mesa  sin hacernos ni una sola pregunta al respecto de ese menú del que ni sabemos si tiene como objetivo alimentarnos o dejarnos desnutridos e inermes.
            Probablemente no habrá que preguntarse por el autor del plato. Casi todos sabemos que es una evaluación que propone la OCDE, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo que agrupa a los países más desarrollados de la tierra, por así llamarlos. Podríamos llamarlos también los países que más atentan contra la sostenibilidad, la igualdad y el medio ambiente, por ejemplo.
            Pero sí podríamos preguntarnos qué se la ha perdido a esta gente en los asuntos de la educación.
            Mucho.
            Consideran la inversión en educación un paso más en el proceso productivo. Según las circunstancias, proyectan a largo plazo las necesidades empresariales sobre el perfil del trabajador medio y lo reclaman con insistencia a los países miembros. La educación solo les interesa en este aspecto, en aquello que tiene que ver con el mercado laboral y las necesidades de la gran empresa. De ahí que su evaluación resulte tan incompleta y tendenciosa. Una evaluación dictada por el gran capital internacional.
            Trabajan a muy largo plazo y conocen el paño, porque el mundo se encamina hacia donde dictan los intereses económicos cada vez más concentrados, poderosos y ocultos tras las grandes corporaciones financieras. Son el gobierno verdadero, pero  de rostro desconocido que jamás se someterá a las urnas.
            Y son hipócritas y falaces. Hablan de la educación como si les interesara el conocimiento, la cultura, la creatividad y la independencia humana. Nada más lejos de la realidad.
            Como prueba de lo que digo os remito al  cuaderno de política económica nº 13 de la OCDE del año 1996. Se pude buscar en internet.
            Establecía la OCDE, ya en esas fechas, que el mercado laboral de los países desarrollados manifestaba una tendencia bipolar, se generarían empleos de alta cualificación tecnológica y bien remunerados, pero en torno al 60 % de los empleos futuros  sería para trabajadores sin cualificación.
            Esas previsiones se están cumpliendo. Y ante esta perspectiva, el capitalismo se planteaba, ya en 1996, la absoluta ineficacia económica de la masificación de las enseñanzas
                        La estrategia política recomendada por la OCDE a los gobiernos socios era disminuir de forma paulatina la dotación a la enseñanza; ir bajando gradualmente la calidad de la misma mediante el aumento de las ratios escolares, las horas de dedicación del profesorado, la supresión de programas de atención a la diversidad, la selección temprana del alumnado cuyo destino debería ser engrosar esos empleos de baja cualificación, y, al tiempo, aumentar las exigencias económicas en las matriculas de la Universidades e ir disminuyendo la cantidad destinada a  las becas. 
      En toda regla, una selección de las dos clases de individuos que su diseño global de nuestros vidas les permite concebir. Y no caben dudas de que las posibilidades económicas serán determinantes en establecer en qué parte del tablero le tocará vivir a cada uno. Esa es la filosofía del neoliberalismo radical. Tendrás todos los derechos que tú puedas pagar.
            Fueron esas las premisas que siguió fielmente la reforma educativa del PP, que conocemos como Ley Wert, pero que debíamos conocer, en mi opinión, como Ley Montserrat Gomendio. Era ella la musa que alumbraba las propuestas de Wert y es ella la que hoy ocupa un puesto relevante en la propia OCDE como responsable de programas educativos. Wert es ya un fantasma político, un mal recuerdo.
            ¿Son dignos de respeto los resultados de una evaluación educativa instigada por quienes conciben la educación con los criterios que aparecen en ese boletín?
            ¿De verdad hemos de escuchar sus valoraciones interesadas?
            Y por lo que poco a poco vamos conociendo, PISA es un instrumento más del pensamiento único y un instrumento de negocio de quienes la diseñan, la realizan y la evalúan. La intención es clara: convertirla en una competición más entre países hasta el punto que condicione definitivamente los programas educativos. PISA es un viaje sin retorno hacia las plataformas educativas que ya están en manos de gigantes de la comunicación y de las redes sociales. Serán ellos, los intereses económicos, los que diseñarán al individuo del futuro, porque condicionarán su pensamiento y su proyecto vital.
            No. No me preocupan lo más mínimo los resultados de la Evaluación PISA. Me preocupan sus aviesas intenciones.
            En nuestro caso PISA es, además, un motivo más para sentirnos avergonzados.
            No ya por los resultados. 
    Juraría que son evaluaciones adulteradas con intencionalidad política. Parece ser que en Andalucía, por citar un caso relevante, de los cincuenta y cuatro centros seleccionados, las dos terceras partes eran de zonas deprimidas social, económica y culturalmente.
            ¿Casualidad? Lo dudo. Todo vale para desgastar al enemigo.
            Siento vergüenza por la actitud de los políticos que nos merecemos porque los hemos elegido. Enarbolan los resultados, como si fueran una verdad indiscutible y eterna, y se los lanzan unos a otros a la cabeza para que no olvidemos que la Educación en este país no es un bien común necesario que merece un pacto de estado y fe en su capacidad transformadora.
             Ellos no permiten que se nos olvide que la Educación es, ante todo, un campo de batalla. Ellos, sus técnicos a sueldo, infectan de palabras redundantes e inútiles el Boletín Oficial cuando escriben sobre educación, pero solo la burocracia educativa prospera con salud envidiable, mientras la sociedad se empobrece culturalmente con absoluta indiferencia y hace huelga de deberes escolares.
           


jueves, 8 de diciembre de 2016

Censurando a los clásicos

            No soy  experto en nada, salvo en sobrevivir a las decepciones, pero eso no me distingue del resto de la humanidad. Todos lo somos.
            Anuncio esta obviedad, porque voy a hablar de narrativa norteamericana del siglo XIX, a la que me he acercado escasamente, como lector y nunca como estudioso. Ruego, por tanto, generosidad a los estudiosos con las simplezas que siguen.
            Tres o cuatro nombres me resultan familiares. 
      Como a vosotros, me resulta familiar Edgar Allan Poe que coincide en el tiempo y en los temas de misterio con los románticos europeos. 
      Contemporáneo de Poe también me resulta familiar Daniel Hawthorne, solo por su novela “La letra escarlata” que conocí gracias al cine (Demi Moore, Gary Olmand y Robert Duvall), porque el cine nos ha puesto en contacto con grandes obras de la literatura universal. 
    Amigo de Hawthorne fue Herman Melville al que todos conocéis por Moby Dick, novela que, desde mi punto de vista, ya es comparable a las grandes creaciones del Realismo europeo.
            Produciendo buena literatura en el XIX encontramos también a Henry James y a Jack London, aunque ambos están a caballo entre el XIX y el XX. De Henry James no he leído nada, pero tengo su nombre en mi lista de autores recordables, sepa dios por qué.
            Y he dejado para el último lugar al autor que ha provocado este escrito, Mark Twain, seudónimo de Samuel Clemens, el primer gran narrador americano no nacido en la cosmopolita Costa Este, sino en la América profunda de los Estados del Sur, que aun rumiaban su derrota en la guerra civil, cuando él publica sus obras. Muchos otros autores hablan de él como el primer novelista genuinamente estadounidense. William Faulkner lo califica como el “padre de la literatura americana”.
            Lo traigo a colación por la noticia que hoy ha caído en mis manos. La novela “Las aventuras de Hucklebery Finn” ha sido prohibida en los centros escolares de un condado de Virginia (EE.UU) porque su lenguaje puede ser ofensivo para muchas personas. Se emplea el término “negro” de manera insultante. No olvidemos que un esclavo negro fugitivo es el coprotagonista de la novela junto a un paria adolescente, también fugitivo, que se encomiendan al padre río Mississipi en busca de una vida más decente.
            La noticia del día comunica que comparte esa prohibición escolar con la obra “Matar un ruiseñor”, de Harper Lee en el estado de Virginia.
            “Las aventuras de Hucklebery Finn” ostenta el dudoso honor de ser el libro más censurado en las instituciones educativas del país, aunque de esta novela dice Ernest Hemingway que “es el libro del que procede toda la literatura americana. Todos los textos estadounidenses proceden de este libro. Nada hubo antes. Nada tan bueno ha habido después”.
No creo que el americano medio tenga más datos que yo sobre la novela producida en su país durante el siglo XIX. Apenas cinco o seis nombres reseñables dentro de ese siglo en el que la literatura europea produce una cosecha interminable de gigantes narrativos.
            No obstante los persiguen en sus centros escolares. Olvidan que la Literatura y el Arte asumen muchas veces la obligación de ponernos ante nuestras contradicciones, nuestras maldades terribles y nuestras inmoralidades para que asumamos, al menos en conciencia, el compromiso de no repetirlas.
            Ambas obras son un alegato extraordinario contra el racismo, una denuncia descarnada de esa deformidad que ahora arraiga de nuevo entre nosotros.
      El pueblo americano se considera patriótico y defensor de lo suyo. Deben creer que la patria es un concepto difuso envuelto en la bandera  de las barras y estrellas.
            Quien persigue a sus clásicos está condenado a la ignorancia sin remedio. Y la ignorancia puede poner en la Casa Blanca a ególatras y descerebrados sumamente peligrosos.
            Quien ignora a sus clásicos está condenado a la inmadurez permanente y a regir su vida por una ética superficial e inútil. Tan superficial como las razones de esta censura inmerecida. Las palabras no hacen daño. Daña la intención con que se usan. Pero hay quien solo escucha el eco de las palabras porque es incapaz de adentrarse en el alma de las obras literarias. ¡Pobre gente! Más que encolerizarme, su estupidez me apena. 
            A los niños americanos los daña la comida basura, la vocación declarada de Trump de reactivar los usos del carbón, el áspero ambiente social que está ensuciando la convivencia en su país, y esas escuelas que prohíben la lectura de sus clásicos e incluyen el creacionismo en los programas escolares.
      Ayer , en la sala de profesores del Centro andaluz en el que me honra trabajar no hablábamos de los resultados de Pisa. Desconfiamos de ellos lisa y llanamente. Son manipulables y manipuladores y no compartimos sus objetivos.
            Echábamos en falta adaptaciones para edades escolares de algunas de nuestras obras clásicas, La Celestina  por ejemplo. Si alguien intentara vetarnos a nuestros clásicos en nuestros centros escolares, seguramente correría la sangre. 
       Y no sería la nuestra.
           
            

jueves, 24 de noviembre de 2016

Celebración que debería avergonzarnos

         Mañana celebra el mundo civilizado, por decirlo de forma generosa, el día mundial contra la violencia machista. Cualquier día debería serlo. Contra cualquier tipo de violencia, pero especialmente contra esta que hunde sus raíces venenosas en una tradición lentamente amasada y horneada.
            Aristóteles, el gran filósofo griego que mantenemos en la cumbre del pensamiento occidental, considera  a la mujer un ser menor, dependiente, sin raciocinio suficiente para el conocimiento de lo útil, lo justo y lo razonable. Debe estar sometida a la autoridad de un varón.  Y justifica su situación discriminada dentro de la sociedad, porque es un varón incompleto.
            Toda la tradición oral y escrita desde la antigüedad está llena de mujeres culpables. La misoginia comienza su andadura feroz en el interior  de los libros sagrados, desde el momento mismo en que los dioses se dignan dotarnos de existencia  como criaturas suyas.
            Lo peor es que muchas mujeres aceptan ese papel de seres incompletos y culpables. Lo peor es que muchas mujeres  justifican a sus maltratadores y creen que las vejaciones, la humillación y la violencia son siempre un castigo merecido.
            Pronto,- está en imprenta-, verá la luz una novela, cuyo estímulo pusieron en mi interior unas alumnas humanistas, conscientes, independientes y armadas de un feminismo ajustado a los tiempos que les tocó vivir.
            Afirmé en su presencia que Medea, la tragedia de Eurípides, era uno de los hitos misóginos de la literatura griega. Pero que yo me imaginaba a aquella muchacha colca sometida a otras tensiones en un país extranjero cuyas costumbres y cuya lengua le resultaban desconocidas.
            Me pidieron mi versión y les prometí tenerla en un par de años. Ya está en imprenta. En enero la presentaremos en sociedad.
            En uno de sus pasajes, esa Medea que yo imaginaba luchando por su matrimonio y por sus hijos en Corinto, es víctima del síndrome de Estocolmo de la mujer maltratada. Sirva este pasaje con el que yo recuerdo que mañana, y cualquier día, tenemos que colaborar en erradicar esa tradición vergonzosa, para poner de manifiesto que esa tradición misógina repta también en las obras de los poetas líricos, aquellos que se esfuerzan en explicarnos con palabras hermosas ese sentimiento, a veces cruel y posesivo, que llamamos amor, aunque no siempre merezca dicho nombre.

              “Medea era una mujer inteligente. Ninguna duda abrigo sobre eso. Más inteligente que la mayor parte de los hombres que yo haya conocido. Y era también altiva y orgullosa. Pero hasta una mujer inteligente y altiva, cuando el desamor la sorprende de forma repentina, puede sentirse confundida, ignorar lo que sus ojos ven, redimir al culpable verdadero y culparse a sí misma del fracaso.
              Jasón la repudió porque aspiraba al trono de Corinto. La ciudad entera lo sabía. Y ella lo supo siempre. Pero, a veces, se empeñaba en sentirse culpable.
              He oído que los griegos tienen diez tipos de mujer;- dijo una noche.
        A nueve las marcan sus defectos y solo una os merece respeto. Una entre diez mujeres os merece respeto; las otras nueve son seres despreciables.
         Sabes cosas de Grecia que yo no sé, señora.
     No respondió; quizás hablaba para sí misma en mi presencia, sin intención alguna de compartir conmigo sus reflexiones doloridas.
     Muchas veces me he preguntado yo cuál de esas mujeres será Medea para Jasón ¿La sucia mujer cerda…? ¿La mujer comadreja lujuriosa…? ¿La mujer yegua orgullosa y coqueta…? ¿Verá Jasón en mí a la mujer mar que cambia con frecuencia de humor y de intereses…?
     Me miró al fin y pude confirmar que el destinatario de sus palabras era yo.
    Siendo estos comentarios asunto de varones, dime, aedo, ¿compartió Jasón contigo alguna vez si era yo su mujer perra, la que ladra y gruñe sin cesar? ¿Te dijo si era yo su mujer mona, horriblemente fea? ¿Es esa la razón de que se haya arrojado en los brazos de Glauca…? ¿Me repudia por eso?
       Jasón jamás me habló de esas mujeres que mencionas, señora,-respondí.
        Y era absolutamente cierto.
      Con ninguna mujer defectuosa te comparó jamás en mi presencia. Nunca habló mal de ti, ni se quejó de tu actitud estando yo presente.
     Tú eres un hombre griego, ¿qué mujer ves en mí tú…? ¿Una de esas que ya te he mencionado? ¿Acaso soy yo la mujer tierra, avarienta y exigente, la que no da tregua a un hombre a cambio de favores escasos? ¿Soy yo la mujer raposa, astuta y siempre dispuesta a salirse con la suya…? ¿O ves en mí a esa mujer abeja laboriosa que vela por su casa sin permitirse distracciones, la única con la que un griego estaría dispuesto a desposarse?            
    ¿Quién es Medea, aedo
     ¿Es la mujer burra, torpe y terca?
     ¿Cuál de esas mujeres apartó a Jasón de mí?
    No estoy seguro de que esas mujeres sean diferentes entre sí,- le dije yo. Una mujer podría ser cualquiera según las circunstancias. E incluso, la laboriosa mujer abeja está dotada de aguijón. No es que yo sepa mucho de esas cosas, pero nunca he oído a los griegos con los que tengo trato hablar de esas mujeres. Quizás es que es asunto para tratar en la intimidad con los amigos y yo no tengo amigos verdaderos.
              Escruté su rostro, pero era inexpresivo, oscurecido por un velo de tristeza.
               Esas mujeres,-seguí diciendo yo-, serán la invención de poetas ricos, aburridos y poco afortunados. Y yo no puedo estar de acuerdo. Una mujer me enseñó cuanto sé, empeñada en hacer mi vida llevadera. Esa mujer, la única mujer que yo conozco de verdad, es fuerte, paciente, tan valerosa que discute a los dioses el derecho a establecer nuestro destino. Nunca desmaya. Nunca maldice. Nunca se queja. Ojalá muchos varones griegos fueran como ella.
              De nuevo escruté su rostro, pero seguía siendo el rostro inexpresivo de una persona derrotada.
              ¿Quién es Medea, Kión?
              Fue la primera vez que su boca pronunciaba mi nombre. Y, según sonó en sus labios, Perro es un nombre hermoso. Presiento que su boca será como cuajada que se endulza con miel cuando ella besa a un hombre con pasión. En sus labios sonaba mi nombre como el de un hombre libre; no sonaba como el nombre de un esclavo de las minas, ni como el nombre de un perro callejero.
              Y la pregunta que por segunda vez me dirigía era una herida abierta que supuraba confusión. Mucha amargura esconde en su interior alguien que no se reconoce cuando se mira a los espejos.
              Pareces una mujer que vive como rehén del varón que la desprecia. ¿Por qué te empeñas en culparte?,- le pregunté ¿A cuál de ellas prefieres que yo señale como causante del abandono de Jasón? Tú temes la soledad en la que te deja; te has quedado sin patria y sin familia; necesitas que él siga protegiéndote y prefieres que el tribunal de tu conciencia lo declare inocente. Así, si un día volviera y reclamara tu perdón, tú te apropiarías toda la culpa y le concederías tu lecho a un inocente. ¿Eres tú la que te burlas de las mujeres griegas, tan sumisas…? ¿Eres tú la muchacha colca que se arriesgó a subir a un barco de piratas griegos?    
              Y en cuanto a quién es Medea,- respondí sin pensarlo-, yo te lo diré.. Medea es un ser humano amenazado y solitario; tan solitario que ha de llamarme al gineceo para tener con quien hablar, aunque no sea yo sino un campesino torpe y desmañado que nada sabe del amor ni ha convivido nunca con mujer alguna. Eres también una madre que teme por el futuro de sus hijos.
              Quizás la sorprendí. Quizás ya solo esperaba de mí respuestas evasivas, las que había encontrado casi siempre que me llamó a su lado.
              Me miró con dulzura.
              No eres un campesino desmañado y torpe, aedo.
              Si hubiera estado sentado junto a ella, seguramente su mano perfumada habría acariciado mi mano intentando consolarme por aquella triste visión de mi mismo que yo le había permitido descubrir.”  

martes, 15 de noviembre de 2016

PARA QUE NADA CAMBIE


     No negaré que el triunfo de Trump me ha sorprendido casi tanto como me ha disgustado. También me ha provocado una indudable desazón, como a casi cualquiera de vosotros. 
     Trump tiene rasgos enfermizos, de soberbio irreflexivo; y por lo que he conocido de su discurso, carece, además, de cualquier forma de cultura; sobre todo de cultura política y de sentido de estado. No puede tenerlo quien presume de haber evitado pagar impuestos durante dieciocho años, porque “es listo”, en su opinión, para eludir sus obligaciones ciudadanas, a pesar de ser multimillonario.
     Puede que la Constitución americana tenga establecidos rígidos controles para el sistema presidencial si ese poder enorme cae en las manos inadecuadas. Los entendidos reconocen que en política interior, el presidente de los Estados Unidos carece de autonomía. Pero no hay ningún político  de ningún país democrático que tenga mayor capacidad de decisión en política exterior. Trump tiene en ese campo unas enormes posibilidades de empeorar la situación del mundo, ya de por sí bastante tensa y complicada.
      Nos sorprende, también, que un tipo detestable como él, sin apenas educación, que aprovecha las oportunidades que ofrecen los sistemas democráticos, incluso a quienes los desprecian, haya podido ganar unas elecciones presidenciales en los Estados Unidos, en contra incluso de su propio partido. 
     En realidad Trump no es republicano. Aprovecha la estructura de ese partido en beneficio de su ego. La actividad política es un entretenimiento de muchos millonarios necesitados de acrecentar su imagen triunfadora. 
     Él estará satisfecho. Lo ha logrado. Otros muchos, antes que él, no tuvieron éxito.
      Y en cuanto a las razones de su triunfo inesperado, yo las desconozco en su conjunto, pero estoy convencido de que buena parte de su éxito en las elecciones la debe al voto de un amplio grupo de gente desencantada a la que los nuevos procedimientos del capitalismo, la globalización, han empobrecido y dejado sin futuro. Especialmente obreros industriales de las antiguas ciudades fabriles, especialistas bien pagados hasta hace algunos años, a los que sus empresas trasladadas a países con mano de obra casi esclava y sin derechos reconocidos, han dejado en situación desesperada.
    Ellos han escuchado el alegato del candidato republicano contra el sistema, el mismo sistema que ha enriquecido a Trump y que ha favorecido su oscura trayectoria hasta el éxito económico.
    Da igual. Todos mienten en las campañas electorales, pero este nos entiende y nos dice lo que queríamos oír. 
    No se trata de incultura solamente, aunque también habrá resultado determinante en el resultado final. La falta de esperanza en el futuro genera una amargura densa en la conciencia humana. Y Trump ha olfateado esa amargura y ha sembrado una semilla de esperanza con sus mentiras descabelladas en esa masa de desahuciados económicos por el capitalismo sin fronteras.
      Nada cambiará en la vida de esas gentes, si esperan que sea el presidente electo quien les traiga soluciones.
      Pero antes de ayer estaban, como quien dice, fuera del sistema. Y nadie sabe qué hará una muchedumbre sin esperanza cuando toma conciencia de su fuerza colectiva, incluso en los Estados Unidos donde el individualismo es tan radical que resulta lastimoso.
     Trump los ha devuelto al sistema. Podían ocupar las plazas y remover los cimientos sociales, pero ahora permanecerán en casa porque se sienten representados. 
     Alguien se encargará de sus problemas; alguien les ajustará las cuentas a los chinos; alguien expulsará a los emigrantes hambrientos que les roban los puestos de trabajo; alguien castigará con aranceles a las empresas deslocalizadas que fabrican a precios de tercer mundo y venden a precios de lujo, mientras los condenan al paro y la miseria.
     En realidad, el sistema no teme a este individuo en absoluto. Puede que haya provocado cierto escándalo con sus discursos irreverentes. Pero eso es pura hipocresía. No hay nada que el capitalismo dominante no pueda orientar en su propio beneficio. Ni siquiera ese tipo estúpido, inmoral y ególatra.

     El poder establecido respira aliviado. Las bolsas se mantienen perfumadas y tersas como jóvenes doncellas recién bañadas. Las clases medias empobrecidas y sin futuro de la América profunda aguantarán todavía un tiempo aguardando a que el millonario triunfador les devuelva la antigua prestancia y los antiguos sueldos.
        Salvando las distancias, la nueva izquierda política sacó en España a los indignados de las plazas, capitalizó su indignación y logró una representación sorprendente en el Parlamento Nacional.
       Había llegado una nueva era. Nada sería ya igual. España debía hacerse a la idea de que se avecinaban cambios que nos devolverían la dignidad, la esperanza y unas instituciones respetables.
        Algo cambió, el nombre de una calle, o de alguna plaza; y alguna estatua que nadie se detenía a contemplar hace ya mucho tiempo ya no está donde estaba. Pero hoy sigue gobernando el Partido más dañino y corrupto que hayamos conocido en democracia.
    En realidad nada ha cambiado, salvo que ya no hay indignados ocupando las plazas.
      Era de esperar. Algunos años antes, el Movimiento Cinco Estrellas en Italia trajo la revolución para mantener a Berlusconi en el poder.
         Cosas que pasan.
      A veces pienso que la propia democracia ha alcanzado un grado de descomposición tan acusado que resulta necesario reinventarla.
   Cambian las máscaras, pero el guión permanece inalterable. Y en el guión actual siempre hay un drama en el que todos somos a la vez público arrastrado a la fuerza y actores invitados.




sábado, 5 de noviembre de 2016

LA ESCUELA INTELIGENTE


            La Ley General de Publicidad española de 1988 incluye la publicidad subliminal como un tipo de publicidad ilícita, definiéndola como “aquella que por ser emitida con estímulos en el umbral de la sensibilidad  no es conscientemente percibida”. Por consiguiente, la prohíbe y castiga con grandes multas su incumplimiento.
            La Unión Europea aún carece de legislación común al respecto, aunque cada uno de sus integrantes disponga de legislación particular.
            Existe el convencimiento de que esa publicidad se ha practicado en el cine y en la televisión desde su propio nacimiento.
            Aunque se tilda de mito malicioso, el caso que os traigo apareció en un manual de psicología para documentar el procedimiento empleado y los efectos de la publicidad subliminal sobre el cerebro humano.
            Se dice que durante años una de las grandes multinacionales americanas de bebidas de Cola participó en la producción de infinidad de películas a fin de filtrar una grabación propia  como publicidad subliminal en esas películas. Veintitrés de las veinticuatro imágenes que se proyectan por segundo sobre una pantalla de cine para dar sensación de movimiento real pertenecían al guión verdadero, pero una de ellas era de un sediento caminante solitario por un espacio desértico.
            El ojo humano no capta esa imagen oculta entre las otras veintitrés, pero el cerebro humano sí la capta.
            Fuera cual fuera el final de aquellas películas, la del sediento tenía un final feliz, porque justamente al borde del desierto, cuando ya parecía condenado a la deshidratación y quién sabe si a la muerte, aparecía de forma milagrosa un kiosco salvador con el logo de la marca de refrescos de cola y el sediento podía calmar su sed terrible con una botella de aquel refresco que rezumaba gotitas de agua fresca ante millones de espectadores desconocedores del proceso publicitario al que estaban siendo sometidos, sin la opción de cambiar de canal.
            Será un mito seguramente. Pero creo que aquella práctica quedó legalmente prohibida en los Estados Unidos en 1974 por una demanda de una firma competidora.
            He recordado aquel pasaje del manual de psicología en el capítulo dedicado al conductismo y su principal aportación al mundo en el que vivimos: “da a una persona el estímulo adecuado y casi siempre conseguirás de ella lo que esperas”. La publicidad y el ejercicio político dan fe de la eficacia de ese dogma conductista.
            La publicidad subliminal está prohibida ya en 50 países al menos, según los datos que conozco.
            Pero esa prohibición no es respetada en casi ninguno de ellos en el sentido estricto.
            Os dejaré una reflexión al respecto.
            El diario El País, en su edición del viernes 4 de noviembre, en su sección de Ciencia y Tecnología, a página completa y bajo el titular “Despega la Escuela Inteligente”, glosa una experiencia escolar patrocinada por los gigantes que controlan las comunicaciones  en Internet y la telefonía móvil.
            Según el publirreportaje disfrazado de noticia, en esas escuelas, antiguo lo que dice antiguo, de la vieja escuela, solo quedan los pupitres de madera. Todo se andará, porque ya he visto, disfrazada de noticia en un telediario, la publicidad encubierta de los primeros pupitres digitales.
            La firma de  telefonía ha proporcionado de forma gratuita a todo el alumnado de los centros seleccionados tabletas y pizarras interactivas. El gigante de Internet proporciona el programa educativo que deben emplear.
            A ninguna de esas firmas las tengo catalogadas como grandes benefactoras de la humanidad. Es, como todos suponemos, un patrocinio interesado. Se trata de generar la necesidad en los demás de disponer de esos recursos tan “inteligentes” y costosos.
            A la hora de buscar nichos de consumidores, ninguno es más seguro que el mercado educativo. Nos han sitiado y están descargando sus cañones, de forma que las escuelas parecen Leningrado.
            Eso no es, desde luego, publicidad subliminal, porque es publicidad  muy evidente.
            La publicidad canalla está en el título.
            El oído no percibe el mensaje de que esta escuela a la que van vuestros hijos es una escuela poco inteligente y desfasada, pero la mente sí.
            Lo que hoy hacemos, a pesar de todas las carencias y a pesar de todas las dificultades, y a pesar de las siete Leyes Generales de Educación que hemos visto desfilar ante nosotros en nuestra corta democracia, no es escuela inteligente; la escuela que amamos y a la que hemos entregado nuestra vida es la escuela torpe, inadaptada y vieja de los pupitres de madera.
            ¡Malnacidos! ¡Cuánto veneno subliminal en un titular, seguramente mal pagado!
            Bendicen esa escuela cuyo centro serán los aparatos costosos y donde los programas educativos habrán sido diseñados a medida de los intereses del gran hermano, porque enseñará desde pequeños a manejar las herramientas con las que habrán de trabajar.
            De eso se trata.
            Niños yunteros otra vez.
            No los quieren amarrar a  un arado y a una yunta.
            Los quieren amarrar a un móvil, a una tableta y a una red.
            Y desde la propia escuela, con la sonrisa complaciente de maestros colaboradores.       
            La escuela que ha dado sentido a buena parte de mi vida aspira a proporcionar otros instrumentos más nobles, más necesarios, más imprescindibles para aspirar a la felicidad que merecemos.
            Y alguna vez en mi vida he practicado esa escuela, incluso en alguna choza miserable, sin luz eléctrica, sin libros y con escasos cuadernos y lápices. Seguramente no era la escuela inteligente.
            Era la miserable, desde luego, pero cumplía con los requisitos de la escuela verdadera, la que tiene por objetivo ayudar a las personas a tomar conciencia de su propia dignidad. Y casi no hay recuerdo en mi vida profesional que me produzca más orgullo que aquellos veranos en el poblado del pantano Torre del Águila, donde represaliados del franquismo estaban condenados a vivir en la Edad Media.
            Cuando llegamos, salvo dos o tres jóvenes, toda la gente era analfabeta y cercada por el miedo. Hoy ese poblado no existe; empezó a morir cuando les enseñamos a leer y a escribir; a todos, a cualquier generación que llegara a la choza escuela. Estábamos abiertos diez  o doce horas al día, todo lo que nos daba de sí la luz solar.
            Y aprendí junto a ellos a detectar la publicidad subliminal en asuntos como este.
            Yo sé que la escuela que predican con tanto encono,  con tantos medios, con tantas opiniones interesadas empeñadas en su defensa, es una escuela manipuladora y consumista.
            Bienvenidos sean los nuevos medios tecnológicos.
            Les reconozco su valor indudable.
            Pero nunca permitiré que se conviertan en el centro ni en los dominadores de un hermoso proceso de comunicación y enriquecimiento mutuo donde los protagonistas somos mi alumnado y yo.
           ¿Alguien sabría decirnos hasta qué punto resultaron positivos para la educación pública andaluza los millones de euros invertidos en ordenadores portátiles individuales que la Junta distribuyó entre miles de alumnos? ¿Alguien sabe de ellos ahora mismo?
            Cualquier escuela auténtica ha sido siempre inteligente, malnacidos.
         Las máquinas y los programas educativos son simples instrumentos. Nosotros, los seres humanos, somos la parte inteligente de esta historia. 

miércoles, 19 de octubre de 2016

ACOSO

     Entre los acontecimientos que cada día tienen la capacidad de hacernos revisar nuestros convencimientos sobre la condición humana, hay algunos que  nos afectan sobremanera,  sobre todo cuando resultan inesperados o inexplicables.
            Traigo a colación la agresión sufrida recientemente por una menor en un colegio de Palma de Mallorca, y causada por el comportamiento especialmente agresivo de un grupo de compañeros, menores como ella, y llamativamente numerosos, que le causaron lesiones de diversa consideración que precisaron atención hospitalaria.
            Dejo las valoraciones para gente más cualificada que yo. A mí me interesa, sobre todo, por lo que me atañe, el tratamiento que los medios de comunicación han dado al asunto.
            Cuando la sociedad se ve reflejada en la parte más inocente de sí misma, la infancia, y descubre que ese espejo le devuelve un rostro ingrato, terrible, inexplicable, suele buscar un culpable que les libre de su mala conciencia. No está lejos; está siempre a mano; carga con cualquier culpa sin problemas y, a menudo, con paciencia infinita, ni se toma la molestia de dar la respuesta merecida.
            Quizás porque ya no resultan extraños los ladridos de los perros al borde del camino. Cumplen su destino de perros, ladrarle al caminante. Porque los perros solo perciben lo más superficial, que gente extraña pasa por allí.           
            Como causante del vacío de valores en el que la sociedad consume su futuro, presa del consumismo, de la manipulación, del incansable proceso de vaciado  de ideas y de principios saludables al que viene siendo sometida por los intereses económicos que manejan nuestro mundo, está la escuela. La escuela parió todos los males, todos los monstruos, todas las infecciones, todas las plagas.          
            Faltó tiempo para que la prensa estableciera que aquel acto terrible estuvo precedido por  un largo proceso de acoso, desapercibido para la escuela que incumplió sus obligaciones preventivas,  dejación que desembocó en el acto de violencia que a todos resultaba  previsible. 
      Faltó tiempo.
            Me agravió especialmente el conductor del programa “La ventana” de la cadena SER. En sus valoraciones sobre aquella agresión contó con la voluntariosa ayuda de un prestigioso comentarista deportivo que ilustró  a la audiencia sobre  la situación insoportable que sufrió su hijo en un internado escocés de prestigio internacional.
            Carles Francino acabó sus reflexiones, con el convencimiento que se le supone a quien está en posesión de toda la verdad, afirmando que no se explicaba cómo estas situaciones pueden producirse en el seno de la escuela, cómo el acoso nos pasa desapercibido a los profesionales.
            En los micrófonos de la SER, ante la audiencia que  seguramente admira a ese profesional cualificado, la escuela acababa de ser declarada inútil y culpable.
            ¿Cómo podía ocurrírsele a ese juez mediático que la escuela descubre, corrige y soluciona miles de casos cada día?
            ¿Y, este?
            El ministerio fiscal y los servicios de inspección educativa de la Consejería de Educación de Baleares han coincido en sus informes. No hubo una situación previa de acoso, sino un hecho aislado de violencia puntual en un patio extenso en el que solo debían estar dos profesores de guardia, ocupados en otro rincón del patio en el momento de los hechos.
            ¿Alguien pedirá disculpas a esa escuela y a esos profesionales? ¿Alguien se hará la pregunta verdadera alguna vez antes de disparar contra la escuela?
            ¿Hasta qué punto está enferma una sociedad que genera en su infancia actitudes con tal grado de violencia y de desprecio al contrincante derribado en el suelo?
            Es la misma sociedad que alimenta a los casi cincuenta ciudadanos navarros que agredieron a dos parejas en un bar de copas. La misma que nos envía a trescientos polacos, -los hay en todos los países- a declararle la guerra sin motivo a toda una ciudad donde compite el equipo de su propia ciudad.
            ¿A qué escuelas debemos acusar?
            Yo solo tengo un convencimiento, cada día más arraigado. La sociedad vacía, en cuyo diseño hemos colaborado, por dejación al menos, acumula tantas miserias que la escuela sola jamás podrá devolverle su salud.
            La escuela será una víctima segura porque pelea en primera línea. Y en lugar de asumir la sociedad su compromiso de colaboración imprescindible, desconfía por sistema de nosotros y nos receta políticos y técnicos burócratas, que jamás se arrastraron embarrados en el campo de batalla.
            Todo lo arreglarán las aplicaciones educativas, los nuevos pupitres digitales donde los niños pueden cambiar de lugar un pingüino con la punta del dedito. Todo  estará pautado y programado; toda la ideología estará legitimada por el conductismo aplicado.
            El nuevo dios, el ordenador central de las grandes corporaciones económicas metidas a educadoras para mejorar el aprendizaje, regirá nuestras vidas y diseñará las aptitudes, las creencias y los principios que gobiernen la vida de los nuevos ciudadanos. Hace ya mucho tiempo que estudian su perfil: productores automatizados, individualistas, desprovistos de sentido colectivo para privarlos de su vieja fortaleza, conformistas por ende.
            Deben ser, también, consumidores compulsivos. Ahí se esconde la felicidad que se merecen, lujosamente empaquetada por sus nuevos amos.
            Ese es el acoso verdadero. Y nos pasa casi desapercibido.


miércoles, 5 de octubre de 2016

Y ahora,¿qué...?

           He asistido sin sorpresa alguna a los acontecimientos acelerados que han dado al traste con lo que quedaba del PSOE. Como cualquiera que haya seguido el desarrollo de la quiebra, he podido comprobar la persecución mediática a la que han sometido al Secretario General defenestrado. En editoriales y cabinas de radio había sido condenado hace tiempo al destierro y al olvido, a la muerte política.
                El No es No inquietaba ya demasiado a quienes ejercen el poder verdadero.
            Y en los reñideros oscuros de su propio partido donde se incuban las intrigas y los meritorios buscan el ascenso en el escalafón miserable de las ambiciones mediocres y agradecidas, llevaban meses preparándole el  funeral.    
            Hace tiempo que no veo entre los líderes políticos gente de formación sólida, con sentido de Estado, con verdadera vocación europea. Quizás por eso, ya no recuerdo desde cuando no influyen los líderes políticos en el sentido de mi voto. Más bien elijo mi papeleta, a pesar de los líderes políticos.
            Por tanto, estas líneas no tienen la intención de enaltecer a Sánchez.
            Pero habrá que decir, para no faltar a la verdad, que no es él el único culpable de es esta bajada a los infiernos del PSOE.
            Yo diría que es una culpa compartida con el aparato del Partido, una culpa de raíces profundas que arraigó en el pasado, y que lleva afectando muchos años a los partidos socialdemócratas europeos. Por tanto, es una culpa de amplio espectro y de consecuencias mucho más negativas que el irreflexivo,- por cuanto empeora la situación del partido-, golpe de mano de una parte de la Ejecutiva.
      Esa culpa ha generado esta Europa enfermiza, asustada y egoísta.
       Los partidos socialdemócratas asumieron el capitalismo de rostro amable sin demasiada oposición; traía empleo, ingresos en las arcas del Estado, y mejoras en el nivel de vida de la sociedad. Cegados por ese brillo fatuo fueron renunciando a sus reservas ideológicas y críticas, olvidaron sus orígenes para adaptarse a una nueva sociedad europea de clases medias, conservadoras y acomodaticias, cuyo objetivo era el consumo como referente de felicidad  en esta vida. Se desarmaron. Pero ese desarme fue el reflejo de la propia sociedad.
        Los acusamos de un transformismo que ha desvirtuado sus principios, pero se nos olvida que esa transformación se ha producido para no perder nuestros votos. Somos nosotros los que aceptamos el capitalismo de rostro amable, el acceso al consumo sin mesura como única señal creible de progreso, la convivencia con la degeneración progresiva del sistema democrático mientras no invadiera el islote privado de nuestra vida.
            Y cuando esta sociedad se está viendo desmontada por el capitalismo, ahora radical, de entrañas negras, escurridizo como casi nunca en el lodazal de la globalización,  esos partidos socialdemócratas carecen de respuestas adecuadas.
            Se engolfaron con el bipartidismo y la posibilidad de compartir el poder de vez en cuando y acabaron aceptando también, como algo que no tiene remedio, las lacras de la ausencia de regulación del capital.
     Fueron nuestro instrumento defensivo en los parlamentos de Europa y ahora su voz carece del vigor que otorgan las ideas. Con su  trasformación y su lenta caída Europa perdió la oportunidad de cumplir su cometido principal, la función que nos hubiera redimido de tantísimos errores históricos, empezando por el proceso de colonialismo del siglo XIX para no adentrarnos demasiado en el pasado: humanizar la globalización, exportar nuestra democracia y nuestros niveles de respeto a los derechos humanos.
            Lejos de eso, Europa es ya en muchos rincones una delegación de Bangladesh y nuestros sistemas democráticos están amenazados por la desigualdad galopante y por la multiplicación de los partidos de extrema derecha.
      En realidad mucho ha resistido el PSOE, si comparamos su trayectoria con la de otros partidos similares en Europa. Y si levantamos la vista al otro lado de nuestras fronteras, el Socialismo Francés vive un proceso de descomposición muy similar.
     Europa ha perdido parte del cimiento que ayudó a levantarla. Y esa pérdida la ha convertido en un espacio enfermizo, insolidario e irreconocible que cierra sus fronteras a los refugiados del mundo, que ella misma ayuda a generar.
            Así que Sánchez no era ni el problema ni la solución. El debate sobre personas es un debate cobarde para huir de la realidad. Es, además, un debate falso. Cambiar la cara en los carteles electorales no bastará para recuperar el voto de quienes ya no  tienen al PSOE como referencia, las clases medias y la población de las grandes ciudades. Habrá que ofrecer mucho más a esos votantes críticos y menos manipulables que otros segmentos del abanico electoral.
            El problema verdadero es la ausencia de ideas y de proyecto que ofrezca soluciones a la gente. Y hace ya mucho que ese debate no se afronta. Se debate cómo mantener el poder o acrecentarlo, porque el poder da un oficio a quien no tiene otro y da prebendas y beneficios a muchos individuos sin ideas y sin conciencia.
       Creo sinceramente que el golpe de estado reciente es una de las decisiones más torpes y autodestructivas que ese partido centenario haya tomado en su larga existencia.
            "Y ahora, ¿qué…?",- me ha preguntado hace muy poco un votante tradicional de izquierdas. "Estos no han escatimado esfuerzos para que sintamos vergüenza ajena y quienes mandan en Podemos quieren dar miedo. ¿A quién votamos ahora…?"
           Espero que encuentre pronto la respuesta, porque todo indica que el PP y Podemos miran con buenos ojos convocarnos a las urnas en Navidad por una razón obvia, ambos saben que el enemigo malherido no aguantará de pie el siguiente asalto. Y supongo que Susana y sus muchachos, además de los carteles electorales, habrán preparado ya la respuesta a este previsible inconveniente del calendario político.