Páginas vistas en total

domingo, 21 de septiembre de 2014

"Producto cultural"

     El 8 de septiembre la prensa mundial presentaba en sociedad el “producto cultural” más costoso de la historia.  Se trata de un video juego cuya elaboración se ha ido a los 380 millones de euros. Creo que su nombre es Destiny. He curioseado diez segundos en su interior. Por tanto mi valoración sobre este “costoso producto cultural” no está fundamentada en un estudio a fondo. Nada nuevo. La humanidad, que ha esquilmado la tierra, se ve abocada a la colonización de otros planetas para garantizar su supervivencia. O sea, la repetición de la Odisea hasta la propia nausea y sin un átomo de elegancia, de humanidad o de poesía, solo que ahora los cíclopes son de acero inoxidable y están armados hasta los dientes con un arsenal de armas destructivas en un medio ambiente desolado, donde no hay un árbol que amenice los desiertos resecos. Ojalá quienes diseñan estas cosas no estén dotados, además, de un don profético.
    Hay otra diferencia sustancial entre la fuente y las secuelas. En esta Odisea espacial, a quien maneja el mando se le ha reservado el papel de Poseidón, de Hera, de Zeus, de Palas Atenea. Quien maneja el mando es dios; tiene el destino de los individuos virtuales en la punta de sus dedos.
            No me cabe duda de que este negocio funciona, genera empleos y mueve infinidad de millones cada año. Anda sobrado de recursos para comprar esa inocente calificación de la que se ha hecho merecedor: “producto cultural”.
            Y  como cada producto cultural está dotado de una función pedagógica. Al menos, a mí me lo parece. Ahí, sentado frente al mundo virtual, con el mando empuñado hábilmente, un individuo es dios en un universo maniqueo en el que las fronteras entre el bien y el mal no ofrecen dudas. Puede vencer al enemigo, cebarse con él sin sentir remordimiento y arrasar un planeta en una hora.
            Puede, sobre todo, dulcificar la frustración invisible que produce el convencimiento íntimo de que, cuando el video juego es devuelto a su caja, te arrebatan el mando del video juego de tu vida. Otros, sentados tras sus pantallas poderosas desde las que gobiernan el mundo verdadero y establecen sin problemas de conciencia quién sobrevive y quién perece, decidirán ahora si eres útil a sus inconfesables propósitos de dominar el mundo, si eres todavía un producto reciclable, o si debes acabar en la basura.
            Tampoco ellos sentirán remordimiento.


martes, 16 de septiembre de 2014

Ayuda humanitaria

         El ébola asuela África, convertido en pandemia, y amenaza nuestro mundo, a salvo hasta ayer mismo de enfermedades sin control alguno. Los países afectados solicitan ayuda. En muchos de ellos la ausencia de personal sanitario y de recursos farmaceúticos multiplican los efectos de la enfermedad y las consecuencias del desbordamiento hospitalario. Hay lugares donde hay un solo médico por cada cien mil habitantes. La peor consecuencia es que muere más gente por enfermedades comunes sin atender que por el propio virus.
          En toda esta situación tan desgraciada para muchas naciones que un día fueron colonias depauperadas de esta Europa civilizada, vieja y cristiana, solo una cosa produce esperanza todavía. Obama ha prometido la ayuda humanitaria de los Estados Unidos.
          Enviará con la urgencia que requiere tan delicada situación tres mil marines a Liberia. Ha descubierto el presidente americano que este virus sin cura se combate con fusiles de asalto.
     Buena interpretación de la demanda de ayuda humanitaria.

lunes, 15 de septiembre de 2014

La cuestión primordial

        Cualquiera diría que el enunciado de esta entrada es una declaración solemne de soberbia. ¿Quién se atrevería a establecer en este mundo confuso acelerado, desigual e injusto  cuál es la cuestión primordial?
            Hoy es el día señalado por la ONU para festejar la democracia como sistema político. ¿Alguna referencia en la prensa nacional? ¿Alguna propuesta política emanada del Parlamento Nacional…?
            No.
            Simplificar las razones de los infinitos males que  nos acosan con sus rostros inhumanos pudiera parecer reduccionismo. Hasta podría serlo a la luz de los titulares de prensa cotidianos. Hoy España es un gigantesco campanario redoblando porque ha muerto un empresario; ayer redoblaba porque murió un banquero. Centenares de personas mueren cada día, quizás honestas, laboriosas, cumplidoras con celo de sus obligaciones familiares y sociales; o quizás canallas, de las que han encontrado un camino oscuro y protegido para eludir obligaciones, esquilmar arcas públicas, justificar crímenes muy comunes de cuentas opacas y contabilidades engañosas, de esos crímenes, al parecer justificables, que, acumulados, acaban por arruinar  ese proyecto colectivo que llamamos Estado y que debía ser nuestro tesoro más valioso.
       Pero eso en absoluto es una cuestión primordial para el país donde vivimos.
            Una muerte notable es un privilegio raro, pero convertirla en un tema de Estado, de país, en una gigantesca corriente laudatoria, es una maniobra de distracción, aunque sea involuntaria o inconsciente. 
          Muere un banquero y, sin tiempo a que se difumine la sorpresa por su muerte inesperada o para que el luto ceremonial y riguroso se vuelva a los roperos, su obra promete más crecimiento, más voracidad, mayor dominio de la aldea global.
            Reduzcamos pues; la cuestión primordial no es que muera un banquero o un empresario; morirán todos antes o después, pero nada cambiará con ello.
            La cuestión primordial es la vida, la de todos nosotros. La cuestión primordial es la conciencia de que no hemos de esperar de los mercados, la oficina donde el capital realiza su trabajo y cuya luz nunca se apaga, nada que mejore  nuestras vidas. Porque cuando en los mercados muere un jefe alfa, en la pirámide que garantiza su inhumana preeminencia, otros jefes beta, con los lomos canosos de esperar largo tiempo su ocasión, saldrán a escena y reclamarán sus privilegios.
            Los mercados, la oficina permanente del capital insaciable, nos han puesto ya  ante los ojos su plan obsceno e inhumano: convencernos de que ellos son la espalda de Atlas, el gigante que sostiene el universo; convencernos de que sin ellos será el caos, la oscuridad, el fuego del infierno y el crujir de dientes; convencernos de que gracias a ellos nuestra vida es mejor y de que sin sus reglas el mundo es imposible.
            Los mercados nos han dejado sin la protección de una mentira dulce, de una imaginaria fantasía; creíamos que el poder político en una democracia era nuestro y cuando hemos buscado en los instrumentos de la propia democracia la defensa de nuestros intereses, hemos encontrado que esos instrumentos no nos pertenecen. Por tanto, desconfiamos de cualquier propuesta que provenga de un régimen dañado en su raíz por su sometimiento a los mercados, es decir, a los intereses del capital que se empeña en acumular riqueza a nuestra costa.   
    Así que hay una cuestión primordial en nuestra vida, recuperar una democracia saludable y participativa, aunque esa propuesta alarme a los mercados y enerve a  los políticos de oficio.
            Hoy debíamos estar celebrando que la democracia ofrece mil caminos. 
           Sin embargo, tenemos a media hasta las banderas de los medios de comunicación y la de los medios de participación democrática porque ha muerto un empresario, como si esa fuera la cuestión primordial.


jueves, 11 de septiembre de 2014

Manipulación

   Puede uno hacerse una idea de hasta qué punto el cinismo se ha adueñado de la vida pública escuchando al presidente del gobierno y a cualquiera de los miembros de su gabinete. España es jauja. Cualquier país del mundo nos envidia. 
      No importa la realidad, si la fuerza de las mentiras, la manipulación constante, decanta votos en su cesta. 
        La causa primordial no es solo que la tradición más arraigada de este país sean la corrupción y el engaño; hay otra causa en otra tradición tan arraigada como aquella, la permisividad con el corrupto y el gusto por resultar engañado.
        A nadie puede extrañarle que se recurra a este instrumento. Es muy antiguo. Y casi siempre dio el resultado apetecido.
      Durante el verano, en lugar de dedicarme a cansaros con mi visión ácida del presente en esta crónica de la indignidad, me he retirado con Medea y con Jasón, un viejo mito de ambiciones y de manipulación que convierte una historia de desembarcos y saqueos en una epopeya incuestionable. También es la historia de una mujer que eligió una forma de vida y se vio traicionada. 
    Os dejo un extracto, para que comprobéis cómo un 24% de paro se puede convertir en un éxito del gobierno. 
       Manipula, que algo queda.

    "Un día, apenas atravesada de una parte a la otra la mar arisca y espumosa de ese estrecho que los griegos llaman Helesponto, pusimos proa a una isla que se avistaba en el horizonte. Las provisiones que hicimos en Lemnos tocaban ya a su fin.
            El esónida[i] y algunos de los hombres que él eligió para ser sus escuderos, se aprestaron a buscar con qué llenar nuestra bodega. También era preciso encontrar algún animal para proceder al sacrifico a Apolo, el dios del desembarco.
            A su vuelta, cargados de verduras y con algunos animales, yo pregunté por los detalles. Las Musas aguardaban el material con el que ellas fabrican la gloria de los héroes. 
            Encontraron, según me contó uno de aquellos hombres, algunas huertas en su deambular por terrenos que no estaban muy lejos de la costa, y algún rebaño con escaso ganado. Según reza la ley de los viajes por la mar, tomaron a escondidas cuanto les fue posible. Había dinero en la bolsa de Jasón. Pero es preciso ahorrar lo que se pueda porque nadie conoce cuánto tiempo durará nuestro periplo.
            Como era previsible a plena luz del día, su quehacer fue descubierto por los habitantes de la isla y  hortelanos humildes, armados con las horcas de madera que utilizan para remover la tierra, y pastores, que blandían sus cayados, se aprestaron a defender sus pertenencias. Incluso las mujeres y los niños acudían para armarse de piedras y expulsarlos de sus campos de cultivo y de sus prados.
             El combate fue breve. Los arqueros de Jasón les provocaron numerosas bajas  y los isleños, derrotados con honra a pesar de su valor,  abandonaron  con prontitud el campo de batalla sin que Jasón y  los suyos tuvieran necesidad  de llegar al combate incierto que ha de librarse cuerpo a cuerpo contra hombres furiosos que defienden lo suyo.
            Poca gloria se desprende de una victoria y un saqueo en aquellas condiciones desiguales y Yolco aguarda a un héroe para poner sobre su frente una corona.
            Jasón se ejercitaba ya para su oficio. ¿Qué es un rey, si no un hombre que toma lo que quiere? Siempre habrá a su lado otros hombres de armas para que esa prerrogativa resulte indiscutible. Y siempre habrá un poeta, comprado con una vaga promesa de olivares, dispuesto a enaltecer sus fechorías.
             Así que había que enmascarar un crimen, que en todo caso deshonra a aquel que lo comete, y convertirlo en una hazaña.  A Heracles le reservé en aquella isla un momento de gloria; se le agotaban ya las oportunidades, porque yo había decidido dejarlo abandonado en tierra firme.
            Heracles resulta indominable. Desde que a punto estuvo de dejar en Lemnos al argonauta en jefe, yo estoy temiendo que él, con su fuerza sorprendente, someta a las Musas que me inspiran y conviertan mis hexámetros en su jardín privado. No hay héroe más definido en Grecia que este forzudo legendario. Cada griego conoce sus andanzas y cada griego conoce la respuesta que Heracles ofrece en cada caso.
            Jasón, por su parte, anda sobrado de ambición pero carece de carácter. Tampoco tiene un plan secreto que lo convierta en jefe indiscutible. Solo dos cosas sabemos con certeza del argonauta en jefe, que necesita dos medimnos[ii] de oro y que está dispuesto a cualquier cosa por lograrlo.
            Heracles, sobre la cubierta del Argo, es una amenaza permanente porque las Musas y yo no podremos someterlo a la autoridad indecisa de Jasón.
            Y, siguiendo el plan trazado durante la travesía, una vez en tierra yo tomé el cálamo, la tinta y el blanco pergamino y mis hexámetros tejieron sus mentiras inspiradas.
            Poblé aquella isla, habitada por pobres campesinos, con hombres monstruosos de seis brazos  a los que llamé los hijos de la tierra y fueron ellos los que vinieron a acometer el Argo, arrojándonos piedras de gran peso con la intención de hundirnos. Ellos, del tamaño de un pino, odiaban a los hombres sin motivo. Quizás porque son un engendro de Hera.
            Fue Heracles, con su arco infalible, el que nos libró de ellos. Uno por uno los fue abatiendo su tino que no admite parangón. Habría sido un espectáculo de los que un poeta graba profundamente en su memoria ver al héroe derribarlos con su maza en un combate singular en tierra firme, pero no hubo ocasión. Todos aquellos hijos de la tierra perecieron aquel día. Unos cayeron junto al agua y las olas arrastraron sus cuerpos como alimento para las criaturas de la mar. Otros quedaron sobre la playa, y los cangrejos, las aves de carroña y las alimañas nocturnas darían por bueno el desenlace.
            Nosotros celebramos la victoria con el banquete ritual. Apolo el que favorece el desembarco tuvo su sacrificio y Orfeo amenizó aquellas horas de asueto con su lira y su voz de registros imposibles. De sus oscuros escondrijos en el bosque próximo salían las fieras a escucharlo, florecían los frutales sin que fuera la estación propicia, y una fuente de agua cristalina brotó de forma inexplicable no lejos de nosotros sobre una colina pedregosa. Que me perdone Orfeo, a quien no conozco, pero él no me ha prometido un olivar. Le pusimos por nombre la fuente de Jasón y, desde entonces, ofrece sus claras aguas a los marineros  que arriban a esa isla con sus odres vacíos por el largo viaje. Todos agradecen al príncipe de Yolco el beneficio que produce su legado.
            La realidad, que no genera versos memorables, es que, una vez realizado el sacrificio presuroso y asegurados en la bodega los pellejos de agua  y las cestas de verdura, cargamos los animales vivos en el Argo, aun a riesgo de convertir la cubierta en un establo, e izamos la piedra cuadrada que le sirve de ancla.
            Cabía el riesgo de que los habitantes de la isla, recogidos sus muertos de los prados donde se había librado aquel combate desigual y breve, redoblada su cólera por el recuento de la gente caída bajo las flechas de ladrones que cruzaban la mar en un barco de guerra, encontraran la forma de atacarnos de nuevo y, esta vez, con fortuna.
            Cualquier pueblo isleño sabe muchas maneras de rechazar a los piratas.
            Es sabido que en cada isla hay honderos precisos capaces de alcanzar a un barco anclado con proyectiles de fuego que fabrican con pez griega.
            Así que huimos.
            Grecia no lo sabría por mi poema.
            Jasón no querrá recordarlo.
            Y yo transformé aquella huida apresurada en un viaje plácido en el que unos héroes despreocupados, satisfechos por aquella victoria memorable sobre los hijos de la tierra y animados por el vino trasegado en el banquete, porfiaban entre sí sobre sus propias fuerzas."



[i]  Esónida: hijo de Esón, es decir, Jasón.

[ii] Medimno: medida griega para medir sólidos; aproximadamente 50 Kg.